Román López, arquitecto y cronista de pequeñas cosas

La familia del artesano Román López cede 60 maquetas de edificios en madera reciclada para una exposición que puede verse en Almonacid durante estas navidades. • También documentó en diarios la vida cotidiana del pueblo.


Es toda una ciudad de madera, de la Ermita de la Cruz a la Concatedral de Santa María, construida con mimo y con paciencia a lo largo de toda una vida, una arquitectura de sueños pequeños que ahora pueden verse en estos días de Navidad -en la Antigua Ermita de la Virgen de la Luz de Almonacid, donde se exponen 60 de las más de cien maquetas cedidos por la familia del artesano ya fallecido Román López, que fue también un detallista anotador de los suceso de la vida cotidiana en su pueblo.

La muestra consta de sesenta maquetas, todas hechas de madera que el bueno de Román reciclaba hasta convertirla en trabajos de gran calidad, con sus propias manos. A lo largo de su vida construyó nada menos que 103. Verlas y admirar su nivel de detalle, es dar un paseo virtual por lo más bello de la provincia de Guadalajara. Además de la gran mayoría de los monumentos almorcileños, incluidos edificios civiles, el artesano reflejó con talento y paciencia infinitos, muchas de las más bellas construcciones de Guadalajara.

La exposición comienza con la reproducción de la Ermita de la Luz, y de todo el conjunto del Casón de los Condes de Saceda, sigue con la Ermita de Bolarque, el Polideportivo León Felipe de Almonacid, la Central Nuclear 'José Cabrera', los arcos y puertas de la villa almorcileña… Sin embargo, y pese a su fidelidad y amor por su pueblo, Román dedicó buena parte de su producción a reproducir otros monumentos, como las iglesias vecinas de Yebra o Albalate de Zorita, el Convento de San Francisco de Pastrana, e incluso joyas serranas, como la iglesia románica de Pinilla de Jadraque o la de Cogolludo. No faltan reproducciones capitalinas, como una de la Concatedral de Santa María, o del corredor del Henares, como la Iglesia de San Miguel de Azuqueca, ni tampoco otros edificios de La Alcarria ya lindera con Cuenca, como la Iglesia de Millana.

Román nació en Loeches, Madrid, en el año 1928. Llegó a Almonacid como trabajador de Unión Eléctrica Madrileña, sacando las cotas del pantano de Bolarque. En la villa conoció a la que sería su mujer, Antonia. Y ya nunca se marchó. Solicitó una plaza en la Central Nuclear, donde trabajó, después de ser admitido, como almacenero durante cuarenta años. Meticuloso y detallista, así comenzó con su otra gran pasión, la escritura. Anotaba con precisión todos los materiales que entraban y salían del almacén. Poco a poco, empezó a añadir comentarios, y cuando se jubiló en 1989, hizo de sus dos oficios, el mantenimiento y la albañilería, y las anotaciones, primero una afición, y luego un arte.

Cronista de la localidad

Como en ambos terrenos tenía cualidades, en un sentido trasladó su apetencia por crear con las manos a las maderas y a las maquetas. En el otro, también supo reflejar en sus diarios la cotidianidad de Almonacid, convirtiéndose en su cronista oficioso. En sus diarios, lo anotaba todo. Desde la evolución de la meteorología hasta las bodas, nacimientos y bautizos, y sus asistentes, eventos festivos…

Así, sus escritos son ahora un valioso testimonio de la intrahistoria de la villa almorcileña. “Para la exposición, hemos buscado la página de su diario en la que dejó documentada la fecha de las primeras Alfombras del Corpus de Almonacid. Fue el 25 de mayo de 1978, ahora va a hacer cuarenta años”, dice su hijo Eusebio. Allí, Román cuenta con todo lujo de detalles los materiales con los que se hicieron.

El artesano almorcileño dedicaba cada día cuatro horas a la elaboración de sus maquetas, todas hechas de madera.  Las fabricaba con material recuperado de cajas de cartón, de fresas,  o tablillas de aquí o de allá. “A todos lados llevaba sus herramientas para recuperar lo que se encontraba”, dice Eusebio.

Igual de meticuloso que en el almacén, en cada maqueta anotaba datos precisos. El número de tejas empleado para fabricar la cubierta, las horas… Por supuesto tiene el listado completo de todas las que creó. Excepto las que fue donando o fabricando expresamente para alguien, el resto se conservan en la casa familiar de Almonacid, que precisamente está reproducida también en una de esas maquetas. El garaje tiene un artesonado de madera, del que cuelgan unos basares. Ahí es donde los López las conservan, perfectamente ordenadas. Están en el mismo garaje donde las construía, siempre abierto a la gente que pasaba, a la que Román “daba todo tipo de explicaciones, si se las pedían”, sigue Eusebio.

Nunca utilizó planos para fabricar sus trabajos, salvo los suyos propios. Se servía de fotografías como modelo, y, cuando tenía dudas, montaba en el coche y se iba a ver los originales. Tardaba tres meses en fabricar cada una de sus obras. Ahora, para su familia es un orgullo mostrarlas en la Antigua Ermita de la Virgen de la Luz, incluida una de la Concatedral de Guadalajara, que dejó sin terminar. Se la iba a regalar a un buen amigo de la familia, Luis Melones. “Había hecho anteriormente otra igual, así que le entregamos la terminada”, cuenta Eusebio. “Para el Ayuntamiento de Almonacid es un placer y un orgullo mostrar el talento de dos artistas locales, como son Fernando Cebolla y el tristemente desaparecido Román López, en una exposición doble durante estos días de Navidad. Este es el propósito para el que se ha rehabilitado la Ermita, para divulgar la cultura y forma de ser almorcileña”, afirma Rosario Toledano, concejala de Cultura del Ayuntamiento de Almonacid. 

 

 

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