Horche recupera su picota, partida por un rayo hace más de 400 años

El horchano Juan Francisco Ruiz ha trabajado la piedra durante un año interpretando los detalles que el historiador Juan Luis Francos le dio sobre el antiguo rollo de 8 metros de altura.


Más de un año de trabajo, 22.000 kilos de piedra y 32 piezas perfectamente talladas son el legado que el horchano Juan Francisco Ruiz ha querido dejar a su pueblo. Reconoce que se ha distraído haciéndola y que ha disfrutado mucho, a pesar de que buena parte del trabajo está hecho a mano, golpeando la piedra una y otra vez hasta moldearla, a veces usando un percusor y una sierra y otras, con un cincel y una maza.

Juan Francisco fue constructor y había trabajado antes la madera y la escayola pero no lo había hecho con la piedra, hasta que hace unos años el Ayuntamiento le encargó que hiciera la fuente que hoy luce en la Plaza Mayor de Horche. “Me gustó trabajar este material, la fuente quedó bien aunque esté mal que yo lo diga, y entonces decidí, al jubilarme, recuperar la Picota que se había perdido hacía muchos años”.

Fue el historiador, ya fallecido, Juan Luis Francos, quien le proporcionó los datos históricos y artísticos que tenía la antigua Picota, ubicada en la Plaza Mayor de Horche. Aquella que un rayo partió por la mitad el día del Corpus de hace algo más de cuatro siglos, “cuatrocientos seis o cuatrocientos siete años, según me dijo Francos”. Los detalles del basamento, del capitel, de las escaleras, “ocho con sus escalones”, del plinto, de la cornisa… las fue plasmando en un dibujo que, una vez terminado, gustó al historiador y al maestro. Fue entonces cuando se decidió elegir una buena piedra que aguantase las inclemencias del tiempo y que no fuera difícil de trabajar.

Conocedor de los materiales, Juan Francisco se fue a Lérida y allí encontró una piedra medio caliza, medio arenisca, que reunía las condiciones ideales. “Es muy importante que el material sea apropiado, que la piedra tenga ley (vetas) para poder trabajar y cortar bien las piezas. Esta las tiene. Es distinta a la piedra usada en la fuente, aquella fui a buscarla a Valladolid, tenía que tener otras virtudes”.

Nada de cuanto forma parte de esta obra de 8 metros de altura es baladí. Todo tiene su fundamento. Juan Francisco trabajó durante años en la empresa Arte Martínez, especialistas en construir retablos para iglesias, y conoce bien los cánones a los que debe acogerse una obra de estas características. “No se pueden hacer las cosas de cualquier manera. La altura y la anchura de las piezas tienen que ser proporcionadas y esos datos están escritos en los libros, yo los conozco y los he seguido al pie de la letra”. 

Las columnas estriadas, las cabezas de león en el capitel, las columnillas que rematan la picota con una figura de forma cónica, todo sigue un orden y una lógica establecidas por Juan Francisco. Con una justa dosis de imaginación y otra de datos históricos, este horchano generoso y obstinado ha sido capaz de crear un nuevo reclamo turístico para su pueblo.