Las sombras del tiempo

Una exposición de Diputación en Cubillejo de la Sierra sobre relojes de sol ofrece fotografías y paneles explicativos sobre algunos de los más de 200 ejemplares, algunos incluso del siglo XII, que sobreviven en los pueblos de la provincia.


Tallados en piedra o marcados en azulejos, sus sombras formadas por la situación del sol en el cielo daban inicio a los actos religiosos, decretaban el momento de apertura y de cierre de los mercados, precisaban el momento de reunión del concejo u ordenaban los turnos de riego en el pueblo. Estaban en iglesias, castillos, monasterios, palacios y casonas. Los relojes de sol pautaban el transcurrir de cada día cuando el tiempo todavía no se había adueñado de nuestras vidas y cuando medir su paso a través de la jornada resultaba sobre todo útil para la vida de la comunidad.

Una exposición de Diputación y el Centro de la Fotografía y la Imagen Histórica de Guadalajara (Cefihgu) ofrece este verano en la Sala El Granero de Cubillejo de la Sierra fotografías y paneles sobre los diferentes relojes solares que sobreviven en la provincia, basándose en el exhaustivo estudio que llevaron a cabo hace ya 15 años dos expertos en la materia, Javier Martín-Artajo y Jacinto del Buey, que se patearon las carreteras y los caminos de las cuatro comarcas y redactaron un catálogo con más de 200 piezas que inventariaron a lo largo y ancho de la geografía provincial. El resultado de este trabajo pudo consultarse en libro ‘Relojes de sol de Guadalajara,. Recorrido gnómico por la provincia’, editado por la Diputación en 2004 y ahora descatalogado.

Guadalajara no es una región particularmente rica en relojes de sol ni estos son buenos ejemplos, si se comparan con los barrocos y medievales del centro de Europa e Inglaterra”, reconocían por entonces estos expertos, que no obstante dieron cuenta de algunas singularidades que pueden encontrarse en los pueblos guadalajareños. Lo es el reloj lineal-azimutal del banco de la iglesia parroquial de Torremocha del Campo, el meridiano de la Fábrica de Paños de Brihuega o el de riego de Almonacid de Zorita, uno de los pocos existentes para ordenar el sorteo de los turnos de riego: madrugás, tres ellas, mediodía, sol puesto y noche.

Desde el siglo XII

Siempre según los datos de la investigación de Martín-Artajo y Del Buey, en la provincia hay relojes horizontales y verticales, modernos y tan antiguos como los que datan de los siglos XII y XIII, cuando los repobladores cristianos del norte –vascos, cántabros, astures y castellanos viejos– se asentaron en la Sierra de Pela con el románico como estilo artístico de referencia. Desde entonces, las paredes y suelos de los edificios religiosos (los que más, el 72% de los inventariados están en iglesias y conventos) pero también los muros de los castillos o los palacios muestran estos relojes en los que el reflejo sobre la piedra del avance del sol en el cielo servía para dividir la jornada en tramos.

De todo el conjunto de relojes de sol que sobreviven en la provincia, lo más destacado por los estudiosos es “la abundancia de relojes primitivos”. Quedan 66 de esfera de misa  y otros 49 de horas canónicas y temporarias. Los más antiguos se sitúan en iglesias de Viana de Mondéjar, Villaverde del Ducado, Trillo, Alcocer, Horche y el Convento de Santa Clara de Molina de Aragón.

Lo que no se han encontrado de momento son relojes de sol romanos o árabes, aunque obviamente pudo haberlos. Sí los hay, en cambio, tallados en ayuntamientos como los de Mochales (nada menos que del siglo XVIII), Embid o en la Casona de Gualda. Los hay por supuesto en ermitas, pero llama la atención el que se ubicó en la Fábrica de Paños de Brihuega. Y también los hay, por supuesto, en casas particulares de Bujalaro, Miedes de Atienza, Sigüenza –no pocos– o Hita.

Algunas de las curiosidades más llamativas de la exposición llevan hasta estos emplazamientos. En algunos se pueden encontrar no ya uno sino varios ejemplares de relojes de sol. Así, en la fachada de la iglesia de Alcocer hay hasta once primitivos y dos verticales y en la de Viana de Mondéjar hay un conjunto de seis esferas de misa a ambos lados de la portada. Y en las impresionantes ruinas de Bonaval se encuentran muestras de tres relojes diferentes correspondientes a tres momentos de la historia de la gnomónica: un primitivo que seguramente fue el primero que usaron los residentes del cenobio; otro vertical posterior, situado en el muro exterior de la escalera de caracol; y uno último cincelado sobre dos sillares del muro de la epístola de la iglesia, datado aproximadamente en el siglo XVII.

Otro de los relojes especialmente llamativos es el del Círculo del Tiempo de Mazuecos. Aunque incompleto, se encuentra en un monumento mayor, un conjunto en la iglesia parroquial donde el reloj marca las horas sobre una piedra en la que hay también incrustadas baldosas de cerámica con representaciones de labores artesanales y del campo.

La hora de orar y laborar

Durante siglos, la sombra del reloj ha marcado en los conventos y monasterios algunas horas de especial importancia para la vida dentro y fuera de sus muros. Para quienes han dedicado su vida a “orar y laborar”, estas marcas daban paso desde maitines, con el crepúsculo, hasta completas, noche cerrada, después de completar las horas prima, tercia, sexta y nona (primera hora, media mañana, mediodía y media tarde) y la vísperas (puesta de sol).

Martín-Artajo y Del Buey consideran que hay 64 relojes en buen estado, pero otros tantos (67) regular y todavía más, 77, en mal estado. Otra veintena de los que tienen noticia habrían desaparecido. Como explican los propios paneles de la exposición de Diputación, algunos relojes han sido objeto de malas prácticas como la situación sobre ellos de canalizaciones de bajantes o cableados eléctricos o la construcción de nuevos elementos en reformas posteriores de los edificios, caso de los que había en las iglesias de Prados Redondos, Huetos o Bujarrabal.

En otras ocasiones, los siglos han ido borrando sus marcas, como ha ocurrido en las iglesias de la Asunción de Nuestra Señora de Castilforte, de la Inmaculada Concepción en Caspueñas o de San Andrés en Hinojosa, en la Casa del Deán de Pastrana o en la plaza Mayor de Mochales. Ironías del destino, el principal enemigo de estos relojes de sol ha sido precisamente el paso del tiempo. En algunos apenas queda ya más que su sombra.

La exposición que puede visitarse hasta el 27 de agosto en Cubillejo, en la Sierra de Caldereros, ya ha girado en otras ocasiones por diferentes puntos de la provincia, como ocurrió en 2012 en Ciudad Valdeluz (Yebes), gracias a cuyo Ayuntamiento disponemos de las fotografías que acompañan este reportaje.



En esta galería, los relojes de una casona de Algar de Mesa de 1860; de riego en Almonacid de Zorita; y del monasterio de Monsalud en Córcoles. / Fotos: Ayto. de Yebes.