El ‘obispo’ de los curas de barrio

El Padre Ángel, presidente de Mensajeros de la Paz, es el encargado este año de dar el pregón navideño. • Príncipe de Asturias de la Concordia de 1994, encarna como pocas figuras de este país el compromiso social del cristianismo de base. • Ha roto moldes con su concepción de cuestiones como el preservativo en África, el celibato, la negociación con ETA, el matrimonio gay o sus creencias sobre el cielo y el infierno.  El religioso estuvo ingresado hace unos años en el Hospital de Guadalajara por una grave dolencia.


Mensajero de la paz, príncipe de la concordia, cristiano comprometido y hombre sencillo y de carácter humilde, el padre Ángel, presidente de Mensajeros de la Paz, es el encargado este año de dar el pregón de Navidad de la ciudad de Guadalajara, en un acto organizado por la Fundación Siglo Futuro, este domingo en la Iglesia del Carmen (20:00 horas).

Llega a Guadalajara después de una semana de actos solemnes, entre ellos las recepciones del papa Benedicto XVI y los Príncipes de Asturias, con motivo de los 50 años de Mensajeros de la Paz.

Hombre cercano, de discurso firme pero nunca exaltado, el padre Ángel es un conversador educado que, en las pocas ocasiones en que este periodista ha tenido la oportunidad de departir con él, siempre resta importancia a sus muchas y admirables heroicidades, con un ego siempre contenido y con una preocupación en mente que le mantiene muy activo, incluso a sus 75 años de edad.

Amante del volante (tuvo un seiscientos que “quemó”) y de la intimidad que ofrecen los aviones cuando surcan los cielos en tierra de nadie, en su despacho tiene la estatua de Miró del Príncipe de Asturias y una escultura de la Santina, como conocen los asturianos a la Virgen de Covadonga.

Un cura sin sotana

Este cura que jamás viste sotana sigue encarnando como pocos el espíritu del cristianismo primigenio, del catolicismo de base, del compromiso con los pobres, los desasistidos, los olvidados… unos propósitos que entroncan directamente con los valores más tradicionales de la Navidad como celebración del nacimiento de Jesús.

De existir una suerte de obispo de los ‘curas rojos’ –que él también llama “curas de barrio”–, aquellos que ayer más que hoy ponían su compromiso social por encima incluso de su deber evangelizador, ese cargo recaería sin duda en el padre Ángel, un hombre al que tal vez le marcó de por vida su nacimiento en Mieres, la capital de la cuenca minera asturiana. Por algo su Papa, como él dice, fue Pablo VI y su cardenal, Tarancón.

Todo este adjetivado sobre la ya extensa biografía del padre Ángel no es una mera impresión, sino que se desprende directamente de sus palabras, aunque también de los hechos, como demuestran su vida y su obra, en parte muy bien sintetizadas en el libro que firmaba en 2007 Jesús Bastante Liébana, tras varias jornadas de conversación íntima.

Los hechos

Corría el lejano año de 1962, todavía en plena dictadura, cuando un joven religioso llamado Ángel García fundó una asociación que se encargaría de conseguir un hogar para los niños que vivían en la calle, pero alejándolos de los oscuros hospicios y orfanatos de la época. La primera de estas casas estuvo en el barrio ovetense de Otero.

Ahí arrancaba una labor siempre más cercana a la tierra que al cielo y en cuyo empeño no ha cejado desde entonces este padre, primero con su compañero de fatigas Ángel Silva (ambos eran los ángeles de la entonces llamada La Cruz de los Ángeles) y más tarde sumando adeptos hasta extender su labor por más de 30 países de todo el mundo, con una plantilla de unos 1.900 trabajadores.

Protección social, educación y formación, mejora de infraestructuras, sanidad, sensibilización y envío de ayuda humanitaria son algunos de los frentes que la organización cubre en todo el mundo. La ONG comenzó trabajando con la infancia pero a lo largo de los años ha extendido su solidaridad hacia otros colectivos desasistidos, como mujeres víctimas de la violencia machista, discapacitados físicos y psíquicos y personas mayores.

Las cifras de este goteo incesante de solidaridad han acabado por resultar abrumadoras a lo largo de medio siglo de Mensajeros de la Paz. Han sido 52.000 los niños atendidos y más de 20.000 las personas mayores que han pasado por la organización. Pero el padre Ángel no lo considera suficiente: “lo importante es dar gracias a Dios y pedir perdón, no por lo que hayamos hecho mal, sino por lo que no hayamos hecho todavía, que es mucho lo que queda por hacer”, explicaba en una reciente enrevista.

“Amar y dejarse amar” ha sido siempre la máxima que ha guiado a este sacerdote poco ortodoxo que en varias ocasiones ha dicho lo mismo cuando ha sido preguntado por lo que más le ha marcado humanamente en todo este tiempo: “Poder dar un beso a niños y mayores que nunca lo habían recibido”.

Las palabras

El padre Ángel es un hombre de una pieza, todo corazón, y parece una de esas personas con infinita paciencia a quienes jamás se podría sacar de sus casillas. Inteligente, con unos sentimientos positivos a prueba de bombas, también es conocido por su magnífico sentido del humor. Baste citar una de sus frases preferidas, robada al actor cómico Cantinflas: “Yo no quiero que se acaben los ricos; quiero que se acaben los pobres”.

Pero hay más frases que retratan muy bien su forma de pensar, casi siempre incómoda para el orden establecido. “Apagamos la tele porque nos indigesta la comida”, ha dicho sobre el hambre en el tercer mundo. Es una de sus preocupaciones, pues considera los maltrechos objetivos del Milenio “la cosa más noble, más digna y más urgente”. El padre Ángel acepta el divorcio, porque “la unión tiene que durar hasta que el amor o el desamor separen”.

Otras manifestaciones han sido especialmente polémicas. No sólo, por ejemplo, su firme oposición a la guerra de Irak, plantando cara al gobierno de Aznar, sino en asuntos como la negociación con ETA, que respaldaba: “Cristo habló hasta con el demonio”. Como pocos conoce las presiones a las que se somete a quienes no son dóciles: “Si no dices ‘si bwana’ te arriesgas a tener problemas”.

Otra visión del sacerdocio

Su apertura de miras no es habitual en la cúpula eclesiástica. Ángel apoya el “celibato opcional”, confía en que el Papa dé el visto bueno a que haya mujeres en el sacerdocio y critica que veinte obispos se manifestasen en su día contra la legalización del matrimonio homosexual y sólo uno lo hiciese contra la pobreza, sólo unos días después. En lo relativo a su propia fe, piensa que el cielo y el infierno son abstracciones y le cuesta creer que haya otra vida después de la muerte…

De nuevo a diferencia de la autoridad eclesiástica, el pregonero de estas navidades considera más importante combatir el sida mediante el reparto de preservativos que cualquier otra palabra sagrada, porque sabe y ha visto las consecuencias traumáticas de esta enfermedad en África. Y no sólo lo opina, sino que lo defiende públicamente. Ha llegado a decir que los santos no sólo son los de Roma, sino los niños que ha visto morir a causa del sida, “con una sonrisa en la boca”.

A lo largo de los años, el padre Ángel ha conocido a muchos personajes importantes, de los que emitía algunos juicios curiosos en el libro de Bastante Liébana. Resulta interesante su opinión sobre todo un personaje, el dictador Franco, de quien dijo que “se le caían los lagrimones” al contarle que era “hijo de padres separados”; o de una amiga, la reina Sofía, en quien admira que, siendo una regia figura, “se pone de rodillas cuando habla con los niños”.

Medio siglo de Mensajeros, en plena crisis

Su ONG, Mensajeros de la Paz, que recibió el Príncipe de la Concordia en Oviedo en 1994, ha cumplido este año medio siglo de existencia. Lo ha hecho sin hacer demasiado ruido, con algún acto solemne y reivindicando, sobre todo, su labor, tan interesante en estos años como nunca, a causa de la crisis económica, social y de valores. De hecho, la organización ha puesto en marcha recientemente una red de comedores sociales y un ‘Banco Solidario’ donde “coger lo que se necesite y dejar lo que se pueda”, según explicó en una entrevista en octubre a la agencia Europa Press.

Es este un momento histórico que el propio padre Ángel ha juzgado con su espíritu crítico habitual, asegurando que “sobran agoreros y hay que encontrar predicadores de más esperanza y más paz”. Y tampoco ahora ha cesado en sus manifestaciones con lectura política: “hay que convencer a la gente de que los servicios sociales deben ser lo último que se recorte y aguantar este tirón”.

De ahí que entre los retos de futuro de Mensajeros se encuentre poner en marcha “muy en breve”, en algunas ciudades españolas, un servicio social que esté abierto las 24 horas del día para “poder ayudar a la gente y paliar el sufrimiento de las personas que se sientan solas”.

El padre Ángel será mensajero esta vez del espíritu de la Navidad en Guadalajara. Regresa a una ciudad en la que pasó una estancia ingresado en el hospital por una grave enfermedad, en 2003, de cuya operación y tratamiento salió felizmente adelante.

Gracias a ello, puede regresar cada año a la entrega de los Premios Príncipe en la capital de su Asturias natal, donde empezó en motocicleta su labor cristiana, y para estar casi siempre pendiente de quienes más necesitan de los demás, ya sean los niños de Irak a los que visitó varias veces durante la guerra o los abuelos a quienes ha brindado un teléfono amigo para que no les mate la soledad.