La misteriosa llegada de los tapices flamencos a Pastrana

La villa ducal celebra el 350º aniversario de la presencia de las espectaculares telas, donadas por la VIII Duquesa del Infantado. • Aunque existen varías teorías, su llegada a España es todavía un enigma sin resolver.


Los seis tapices flamencos expuestos en el Museo de la Colegiata de Pastrana llegaron hace 350 años a la villa ducal, que en los últimos años ha apostado por reivindicar su historia para potenciar el turismo. Las dos series de tapices –una, de cuatro telas sobre la conquista de Arcila y Tánger por las tropas de Alfonso V de Portugal y otra, sobre la toma de Alcázar Seguer- empezaron siendo telas para exponerse en ceremonias religiosas y han terminado siendo la más importante pieza del Museo de la Colegiata, pero hoy todavía siguen dejando preguntas en el aire: ¿Cómo vinieron a España?¿Llegaron alguna vez a Portugal? “Existen muchas teorías al respecto, aunque la hipótesis más barajada es que fueron un botín de guerra, de la Batalla de Toro, ocurrida en 1476”, explica la guía del Museo de Tapices, Nieves Álvarez.

Aquel conflicto enfrentó a Isabel La Católica y Juana la Beltraneja, en aquel momento casada con Alfonso V de Portugal, el protagonista de los tapices. Pudieron, por eso, “llegar a través de la figura del Gran Cardenal Mendoza que secundó la causa isabelina. Cada vez se llega más a la conclusión de que posiblemente nunca llegasen a Portugal”, sostiene. Otras hipótesis los vinculan a las posesiones de Felipe el Hermoso (fallecido en 1506), según la Fundación Carlos de Amberes. Y otras, enmarcadas en el reinado de Juan II, sostienen que pudieron ser un regalo ya que en aquella época era frecuente este tipo de obsequios en la Corte y entre nobles. Incluso hay teorías “más complejas”, advierte Álvarez, como que los tapices llegaran “a través del judío Isaac Abravanel”, que estuvo al servicio de los reyes de Portugal, Castilla y Nápoles.

No obstante, el primer dato contrastado que existe sobre los tapices data de 1532. Ese año aparecen por primera vez “documentados y tasados” tras la muerte del III Duque del Infantado, Diego Hurtado de Mendoza. El siguiente dato es la llegada de las telas a la Colegiata en 1667, tras la donación de la VIII Duquesa del Infantado, Catalina Gómez de Sandoval y Mendoza, casada con el IV Duque de Pastrana, Rodrigo de Silva y Mendoza. Los dos nobles dejaron estipulado ese deseo y el documento “donde queda especificada la condición de que salieran para la celebración del Corpus Christi”, se expone en el Museo de Pastrana, aunque “el dato de que los tapices lograran salir por sus calles es francamente discutible”, señala Álvarez, que sí da por cierta su exposición en el templo. “Se adaptaron a su marco arquitectónico hasta la década de los años 30 y 40”, en que se trasladaron a la Fábrica de Tapices de Madrid para que los unieran, ya que “por un Decreto del Cabildo se mandó que se cortasen”, añade.

En 1950, las telas regresaron al primer Museo de Tapices en la Colegiata. Para entender por qué hoy están en un Museo nuevo y adaptado hay que fijar la mirada en 2008. La Fundación Carlos de Amberes los trasladó hasta la Real Manufactura De Wit, en Malina (Bélgica) para su restauración. Tras un periplo expositivo por Estados Unidos y Europa regresaron en 2014 a la Colegiata. Finalizaba así el largo viaje de uno de los ejemplos más espectaculares en el arte del tapiz del siglo XV.

Información y reservas: 949 37 00 27 y
www.museoparroquialdetapicesdepastrana.com



Artículo publicado originalmente en el número impreso de Cultura EnGuada número 15 de primavera de 2017.