Diez tesoros de ‘aTempora’

La exposición del Año Cervantes en Sigüenza se ha prorrogado hasta el 6 de noviembre. • Destacamos una decena de piezas que no pueden pasar desapercibidas por este recorrido por el interior de la Catedral hacia finales del silo XVI e inicios del XVII.


Más de 300 obras de 33 entidades diferentes, una veintena de ellas jamás expuestas antes en una exposición, están a disposición del público en la muestra ‘aTempora’, un viaje a finales del siglo XVI y principios del XVII en el que se mezclan los universos de los escritores Miguel de Cervantes y William Shakespeare -en el IV Centenario de sus muertes- con los ecos de las batallas del pirata Francis Drake o con las pinceladas de El Greco.

Arte religioso y civil, libros de coleccionista, maquetas de barcos, objetos cotidianos rescatados del olvido y relatos de episodios legendarios se funden en un mismo recorrido por el que ya han desfilado 50.000 visitantes desde que esta macroexposición organizada por el Gobierno regional en colaboración con la diócesis de Sigüenza-Guadalajara y el cabildo de la Catedral abriese sus puertas el 8 de junio.

Pero el balance final será todavía más abultado: la asistencia en aumento a la exposición según han avanzado las semanas y “las favorables expectativas en cuanto a la asistencia de colectivos que han solicitado visitar la exposición” llevaron a los organizadores a prorrogarla desde el 16 de octubre que estaba previsto el cierre hasta el próximo día 6, según ha recordado la Consejería de Cultura en un comunicado de prensa.

Entre quienes siguen acercándose hasta allí se encuentran los fines de semana los pasajeros del Tren Medieval de Sigüenza, que ha iniciado ya su temporada de otoño enviando sus convoyes de época desde Madrid, así como cada mañana los grupos de centros educativos de la región que han programado visita a la Catedral.

El público en general que todavía acuda para repetir visita o para descubrir por vez primera algunos de los tesoros se encontrará en el interior de la Catedral de Sigüenza con un conjunto de fondos amplísimo y variado entre los que aquí destacamos una decena de piezas que no deberían pasar desapercibidas por su importancia o por su singularidad.

 » Unos ‘cervantes’ antiguos. Será lo casi primero con lo que se tope el visitante, justo después de atravesar una sala que habla de poder en la época. Unas vitrinas exponen los manuscritos y las primeras ediciones de obras originales de los principales literatos del Siglo de Oro como Garcilaso, Lope de Vega, Góngora y, por supuesto, Cervantes. En esta sala llamada ‘Negro sobre blanco’ se encuentran ejemplares del Quijote editados en Londres en 1620 y 1652, unas ‘Novelas ejemplares’ que vieron la luz en Amsterdam en 1732 o las páginas de los cuatro libros del ‘Amadis de Gaula’ alumbradas en Venezia en 1533. Rescatados en unos casos de museos y en otros de colecciones privadas, entre los títulos que puede curiosear el visitante están también ediciones antiguas de ‘La Galatea’ y ‘Los trabajos de Persiles y Segismunda’.

Uno de estos libros es una primera edición de la primera parte del Quijote salida de la imprenta del editor Pedro Crasbeech en Lisboa en 1605, a renglón seguido del gran éxito que supuso su aparición en Madrid. Este ejemplar fue objetivo de la Inquisición, que recortó algunas de sus páginas y tachó varios párrafos al considerar que algunos pasajes escritos por Cervantes en su novela más conocida no se ajustaban a la moral estricta de la Iglesia Católica. Con la Iglesia habían topado, amigo Sancho.

 » Tapices flamencos. La Catedral de Sigüenza atesora dos colecciones de tapices flamencos tejidos en el último tercio del siglo XVII. En la cuarta sala de ‘aTempora’ el visitante puede admirar las ocho telas recientemente restauradas que conforman la serie de las alegorías de Palas Atenea, firmados por Jean Le Clerc y Daniel Eggermans, que relatan pasajes mitológicos relacionados con la instauración de la paz y el buen gobierno. En el templo seguntino hay otra serie de tapices actualmente en fase de restauración, ‘Historia de Rómulo y Remo’, aunque estos han quedado fuera de exposición por este motivo.

» El Apostolado de Almadrones. La del Apostolado de Almadrones, uno de los que el pintor El Greco llevó a cabo a lo largo de su carrera, es una historia singular. Como ya hemos contado en alguna ocasión, tras la Guerra Civil, los nueve cuadros que se conservaban salieron de la iglesia de este pueblo alcarreño, algunos en dirección a colecciones privadas de Estados Unidos y al Museo del Prado, donde suelen estar expuestos. ‘aTempora’ ha conseguido reunir estos últimos para exponerlos en la capilla de la Concepción de la catedral junto a ‘La Encarnación’ -conocida habitualmente como Anunciación- del Greco, también recientemente restaurada. Aunque hay una copia de estos llamados ‘Hombres feos’ en Almadrones, en Sigüenza se puede admirar estos días los auténticos que salieron del taller del pintor cretense, el Cristo Salvador y los apóstoles San Pablo, Santiago y Santo Tomás.

» La Bandera del pirata Drake. La única bandera inglesa del siglo XVI que se conserva en el mundo es una de las piedras angulares de esta macro-exposición. El estandarte estaba ya en la Catedral de Sigüenza, enrollado durante años, y en los últimos meses ha sido objeto de un proceso de rehabilitación para su exposición, recuperando los tejidos maltratados y completando aquellas franjas de esta bandera multicolor que estaban completamente desaparecidas. No es una bandera de pirata con las tibias cruzadas y la calavera, sino una bandera de una compañía de infantería con franjas horizontales de varios colores que el sobrino nieto de El Doncel, Sancho Bravo y Arce de la Laguna, arrebató en Cascais al famoso corsario que estaba a las órdenes de la Corona Británica en la llamada ‘Contra Armada’, una no menos funesta expedición que la española que tuvo como objetivo asestar el golpe definitivo a España tras la derrota de la Armada Invencible. Pese a sus propósitos, contando para ello con los servicios del temible corsario Drake, las flotas británicas fueron rechazas en La Coruña y, tras su intento de desembarco en Lisboa, también aquí se vieron obligadas a replegarse el 18 de junio de 1589.

Junto a esta bandera lucen otras dos en ‘aTempora’: una de ellas, de colores azul y blanco, es de Portugal, con un escudo que Sancho Bravo tomó a Drake cuando le derrotó -y que éste previamente había arrebatado a los lusos en una batalla en el fuerte de Peniche, al norte de Lisboa- y que también permaneció enrollada en la misma capilla de la Catedral donde está enterrado El Doncel de Sigüenza. Su sobrino nieto habría regalado en su día ambos estandartes a la Catedral, como trofeos logrados en sus escaramuzas lusas, un hecho que constituía una práctica habitual en la época.

Junto a estas dos banderas, el visitante encuentra también un pendón de la Santa Liga correspondiente a la Batalla de Lepanto de 1571. En este caso se trata de un objeto procedente de la Catedral de Toledo, que la recibió como donación del rey Felipe II.

» La galera de Lepanto. Uno de los espacios más amplios que hay en la exposición, nada más contemplarse las banderas, está consagrado a explicar la vida militar de la época y al Cervantes soldado que precedió al escritor. Hay allí varias maquetas, una de ellas de un modelo de galera de los siglos XVI y XVII como en la que fue herido el escritor durante la Batalla de Lepanto durante uno de los combates al mando de Diego de Urbina. En la Marquesa perdieron la vida otros 40 compañeros y fueron heridos 120. Como curiosidad, los guías explican que la tripulación la componían gentes de mar y gentes de remo, en este caso esclavos, delincuentes o forzados condenados a esta pena que estaban encadenados al banco del barco en caso de entrar en combate, por lo que en el momento del hundimiento se iban también ellos a pique con el barco.

» La baraja de Toledo. Jarrones, muebles, instrumentos musicales, escritorios y espejos, una maleta, un brasero, un banco… El último tramo del recorrido por el ambiente civil de la época se completa con la exposición de una serie de objetos cotidianos. Uno de los más llamativos es una colección incompleta de una baraja de naipes de Toledo, encontrada durante una demolición de una vieja casa en la ciudad. Las 48 cartas, restos de dos barajas del siglo XVI, son ejemplares de los impresores Felipe Ayet (1574) y Pierre Pepin, un personaje cervantino con imprenta en Sevilla, ya que aparece en ‘El rufián dichoso’ y en ‘El Quijote’.

» El gabinete del escritor. ¿Cómo sería el despacho en el que escribía Miguel de Cervantes? ‘aTempora’ recrea en la Capilla de los Zayas una escenografía próxima a la que sería el gabinete del escritor, en el que pueden verse muebles originales de la época y objetos de los que pudo rodearse, incluidos plumas, tinteros, una campanilla y, por supuesto, libros. Esta estancia cierra el recorrido por los ambientes civiles y militares que vivió Cervantes, aunque siempre con otro ojo puesto en la Inglaterra de Shakespeare.

» Relicario de Santa Teresa. Los numerosos fondos de temática religiosa que quedan expuestos a lo largo del recorrido comienzan en la sala llamada ‘In principio creavit Deus caelum et terram’ con una serie de óleos de Frans Francken II y continúan por varios espacios hasta su tramo final. En uno de ellos, ‘En olor de Santidad’, se encuentra uno de los objetos más llamativos, el ‘Busto-relicario de Santa Teresa’, esculpido en 1618, llegado desde el Museo de los Tapices de la Colegiata de Pastrana. Se trata de un busto de la santa tallado y policromado en madera.

Santa Teresa, muy vinculada a la villa alcarreña, es sin duda uno de los personajes del santoral que más cantidad de reliquias tiene esparcidas por los templos de todo el país. En este caso, se trata de un trozo de carne de la mano. Para verlo, se dejó una pequeña rejilla de bronce abierta en el pecho de la figura. Inicialmente estuvo en el Convento de las Carmelitas Descalzas de San Pedro.

» El Desierto de Bolarque. Uno de los espacios más llamativos del circuito que recorre el visitante es la espectacular Sacristía de las Cabezas de la Catedral, diseñada por Alonso de Covarrubias con decenas de rostros esculpidos en la bóveda y los techos de sus cuatro tramos: hay 300 grandes caras y otras más de 3.000 pequeñas sobre medallones, rosas y angelotes. Se cree que las caras podrían estar inspiradas en los rostros de los seguntinos de la época. A la salida de esta estancia que alberga el espacio llamado ‘En olor de santidad’ -con una veintena de piezas religiosas como cruces procesionales y parroquiales, custodias, cálices, navetas o crismeras- encuentra el visitante un cuadro curioso, un tanto naif, a modo de plano de una zona. Es el lienzo del siglo XVIII ‘Santo Desierto de Nuestra Señora del Carmen de Bolarque de Descalzos’.

El óleo, que se expone normalmente en el Museo de Santa Cruz de Toledo, representa una zona de la Alcarria hoy desaparecida bajo las aguas del pantano de Bolarque. Se trata del convento de Nuestra Señora de Bolarque, fundado en 1592 por Fran Alonso de Jesús María en el paraje conocido como Olla de Bolarque, junto a la desembocadura del Guadiela en el Tajo. Como aclara el magnífico catálogo de la exposición, este convento alcarreño tuvo su máximo esplendor en el siglo XVIII y estuvo rodeado de un total de 32 ermitas, como muestra el cuadro -donde también se aprecian molinos, árboles frutales u otros detalles como abejas revoloteando junto a colmenas-. A los pequeños templos se retiraban a meditar y a rezar los frailes eremitas, a algunos de los cuales se les puede ver en esta pintura. Además de sus curiosidades, el lienzo muestra un paisaje de esplendor que hoy ha quedado completamente borrado del mapa, con sus edificios religiosos anegados bajo las aguas o comidos por la vegetación que ha avanzado sobre ellos tras años de abandono.

» Catafalco funerario de la Princesa de Éboli: prestado también para la ocasión por el Museo de Tapices de la Colegiata de Pastrana, el catafalco funerario de la princesa pastranera, de autoría anónima, no fue en realidad ni encargado ni costeado por la aristócrata, ni tampoco fue usado en sus funerales en febrero de 1592, sino que fue encargado por uno de sus hijos, Fray Pedro, para el traslado de los restos de sus padres de la cripta del convento de San José a la Colegiata, donde descansan en la actualidad. Para ello encargó a bordadores de Pastrana que realizasen el espectacular conjunto con grandes paños de terciopelo negro en los que figuran las armas de los duques, en el que “con toda probabilidad es el más completo y mejor conservado de entre los muy escasos que se pueden hallar en nuestro país”, según indica el catálogo de la macroexposición. Acompañando el conjunto hay un juego de Ébano de elementos litúrgicos, con doce hacheros o blandones, doce candeleros, ocho cetros, dos cruces con peanas, dos cruces de árbol, dos atriles, dos pares de vinajeras, dos incensarios, dos salvillas, dos navetas, un acetre, una paletilla y un apuntador para los libros de canto. El visitante de ‘aTempora’ puede disfrutar de este catafalco en el coro de la Catedral.

Estos son sólo algunos de los llamativos elementos que componen una exposición en la que su comisario, Alfonso Caballero Klink, defiende que se ha pretendido “que convivan armoniosamente aspectos civiles y religiosos, integrando por primera vez, en la visita de la Catedral, todo el ámbito del claustro y demás dependencias”, para hacer posible una inmersión del visitante en los ambientes cotidianos, políticos, ideológicos y militares en los que vivieron dos gigantescas figuras de las letras como Cervantes y Shakespeare. Por cierto, el nombre, ‘aTempora’, hace referencia a “la perpetuidad en el tiempo” de los dos personajes universales homenajeados. Para la exposición, en cambio, el tiempo apremia: quien todavía no haya pasado por allí tiene poco más de dos semanas para hacerlo, antes de que cierre sus puertas el próximo 6 de noviembre.

 

 

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