El iraní Benshad Arjomandi gana el VII Concurso de pintura de Almonacid

Se llevó los 800 euros del primer premio, con un cuadro de la plaza Mayor con la torre del reloj como protagonista. • Arjomanid fue vencedor también del último concurso de pintura de Cabanillas. • El segundo premio fue para el horchano Raúl Martín. 


Benshad Arjomandi lo ha vuelto a hacer. Tras ganar en el último certamen de pintura de Cabanillas, el pasado 4 de julio, ha ganado este fin de semana el VII Concurso de pintura al aire libre de Almonacid de Zorita con un cuadro de la Plaza Mayor con la torre del reloj como motivo protagonista. El pintor iraní afincado en Leganés se llevó el primer premio, dotado con 800 euros; el segundo, dotado con 400, lo obtuvo el artista horchano Raúl Martín.

Los premios fueron decididos por un jurado compuesto por Sagrario Jiménez, ama de casa aficionada a la pintura, Almudena Fernández de Heredia, licenciada en Bellas Artes, y Roberto González Jiménez, catedrático de Artes Plasticas. Correspondió a la concejala María Fernández de Heredia dar lectura al acta. Los premios se los entregaron, al filo de las 17:30 horas, la alcaldesa de Almonacid de Zorita, Elena Gordon, y la concejala de Cultura, Charo Toledano, después de que las obras quedarán expuestas en la Plaza Mayor. Las tres munícipes felicitaron a los artistas por su trabajo y por la calidad de la exposición, antes de hacer entrega de los premios.

Behshad, en su primera vez como concursante en Almonacid, estuvo pintando y retocando su cuadro, prácticamente hasta las cinco de la tarde, momento en el que se iniciaba la exposición de cuadros participantes para dar pie así a la decisión del jurado. Pintó protegido por la sombra de los soportales del Ayuntamiento, y se decantó por el lugar debido a la composición, perspectiva y luz que divisaba desde su posición y por constituir “un tema emblemático”.

El artista vive de la pintura, de concurso en concurso, y también gracias a los encargos de sus clientes habituales. “Los concursos me facilitan contactos para luego seguir trabajando y para exponer”, afirmaba. Sobre la circunstancia de tener que resolver el cuadro en unas horas, declaraba que tiene condicionantes, como el de “no conocer el sitio, tener que elegir el tema en pocos minutos y adaptarte a las bases, porque cada concurso tiene su particularidad”, pero también ventajas, porque “los cuadros son más frescos, espontáneos e intuitivos”. El iraní intentó destacar la luz de Almonacid y sus contrastes entre las callejas estrechas en una composición equilibrada, sugerente y con fuerza -“siempre busco que tenga armonía”, afirmaba- que fue valorada por el jurado. Feliz con su premio, “volveré en futuras ediciones”, prometió.

Un horchano habitual de los concursos

Raúl Martin, de Horche, es un habitual de los concursos provinciales. Al igual que el ganador, se situó en la Plaza Mayor, en el conjunto que forman la fuente y el Ayuntamiento, precisamente por el hecho de ser representativos de la villa, “pero también por la sombra y el fresquito que llega del agua”, reconocía. Su estilo ha evolucionado en los últimos años, alejándose, de una manera muy personal, de lo meramente figurativo. “Poco a poco vas mejorando la técnica y adaptando a tu propia personalidad las ideas que tomas de otros pintores, mezcladas con las propias, hasta definir tu propio estilo. En mi caso, le doy un toque a la realidad, para que no sea literal. De otra manera, haría fotos”, resumía.  El joven pintor ha logrado este año ya tres premios, en Trillo y en Lupiana, y ahora en Almonacid. Visiblemente satisfecho, “ya me había gustado la forma en la que rematé el cuadro”, decía, y de la misma manera que otros concursos había quedado a las puertas de los premios, en este “la balanza se inclinó de mi lado”, terminaba.

Fueron muchos los artistas que eligieron la calle de Natalio Gumiel Morago como motivo inspirador; otros, la Plaza Mayor, aunque también alguno aceptó el reto de pintar la portada de piedra de la Iglesia de Santo Domingo de Silos. Precisamente en la calle de Natalio Gumiel Morago, frente al casón de los Condes de Saceda, estaba Fortunato Martín, que había venido a Almonacid desde Cuenca. Con su obra en posición horizontal, dejaba secar unos segundos las manchas de color de la acuarela, una técnica pictórica que, según el pintor, requiere un aprendizaje, pero que como “casi todo en esta vida es cuestión de tiempo y práctica” , afirmaba con el espíritu deportivo que le lleva “a viajar, pasarlo bien y aprender por distintos concursos de mi entorno, que es donde me muevo”. 

"No me gusta ser esclavos de las líneas"

Un poco más allá, pero en la misma calle, estaba José Manuel Núñez Millan, que llegaba a Almonacid desde Rivas Vaciamadrid. Ya había participado en alguna edición anterior. “Me gustó mucho el lugar. Está lleno de muchos rincones bonitos”, decía. También pintó una acuarela. “No me gusta ser esclavo de las líneas. Tienen que ser breves, esquemáticas, insinuar”, decía. “Tienes que partir de una idea, que luego se convierte en realidad; de otra manera, no sale el cuadro”.

El acuarelista aloverano Miguel Angel Rodríguez eligió el cruce entre la misma calle de Natalio Gumiel y la calle de Nuestra Señora la Virgen de la Luz. Era la primera vez que concursaba en la villa. “Almonacid de Zorita me ha parecido un lugar pintoresco, estimulante, con elementos para recrearse en el detalle, muy singular”, afirmaba pintando la magnífica portada de la Ermita de la Virgen de la Luz. Para él, pintar con acuarela “también tiene mucho de ensayo y error, teniendo en cuenta que no se puede corregir”.

Evaristo Palacio, que regenta una academia de pintura en Fuenlabrada en invierno y se dedica a los concursos en verano, ha obtenido premio en diecinueve concursos ya este año. Apostado en la misma calle de la Virgen de la Luz, eligió una puerta de pino, antigua, llena de clavos y remaches de forja, para recrearla en su cuadro. “Es un tema que hago a menudo, primeros planos y detalles de puertas antiguas, porque tienen historia, dicen muchas cosas sobre lo que pasó en los pueblos”, afirmaba. Al pintor le fascinan las cerraduras, su pátina de óxido y sus mecanismos, y también los remaches, cuidadosamente forjados. Para recrear las vetas de la madera, utiliza unas gomas con las que simula sus trazas sobre la pintura fresca. 

Finalmente, el pintor local Enrique Tellado afrontó para el concurso el reto de pintar la deliciosa portada de la iglesia de Santo Domingo de Silos: “Me llamaba la atención la parte más antigua del edificio, aunque reflejar el paso de los años en los cuadros no sea nada fácil”, afirmó. Enrique pinta por afición “lo que me gusta”, sin otra pretensión que la de pasar un buen rato. La pintura rápida tiene para él, enamorado del realismo, “el condicionante de que no permite recrearse mucho en el detalle. “Aquí, la decisión primera es la que vale, y si te equivocas, es tiempo que estás perdiendo”, explicaba. Partió de un dibujo general, con los colores que le gustan, para ir luego buscando la luz. “Cada cuadro te enseña cómo pintar el siguiente”, terminaba.

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