‘Resistencia Doméstica’, una visión ácida sobre la crisis

Alberto Martínez Centenera, autor de la muestra, es un joven artista multidisciplinar azudense que ha llevado su arte hasta Rusia o Finlandia• Su nueva exposición es una reflexión con objetos cotidianos de lo que cada uno puede hacer para combatir la crisis• Se inaugura mañana sábado (11:30) en la Casa de la Cultura y se podrá contemplar hasta el día 27


Dentro del marco de las Fiestas de Azuqueca que, con el pregón de mañana, tienen su arranque oficial; se ha introducido una particular exposición en la que un artista ya de sobra conocido en el mundo de las Bellas Artes como el azudense Alberto Martínez Centenera, reflexiona sobre el contexto de la crisis y sobre lo que cada uno puede llevar a cabo para combatirla. “En esta exposición la idea principal es hacer ver que todos somos válidos y podemos llevar a cabo una labor de resistencia ante la crisis. El cambio empieza en nosotros mismos y en lo que nos rodea”, afirma el artista.

‘Resistencia Doméstica. Estrategias contra la crisis’ es el nombre de esta muestra que se inaugura mañana sábado a las 11:30 -la fecha del cartel es errónea debido a este cambio de última hora- y a lo largo de la misma, todos los interesados podrán comprobar que busca dar una visión ácida sobre los recortes y la crisis, utilizando utensilios domésticos que van desde cartones de leche a cacerolas, almohadas o tapetes de ganchillo; para dar forma a originales creaciones que expresen de un modo crítico su visión hacia los recortes y la crisis.

“Cambiar nuestros hábitos de consumo por un consumo más responsable, también puede ser un arma contra el sistema”, afirma el propio Martínez Centenera, quien quiere llamar a nuestra conciencia para que la ciudadanía conozca de su potencial como sociedad. “Utilizo la imagen del ciudadano que ante los ataques de malos gobernantes, pelea con lo que tiene más a mano”, resalta.

Y es que el origen o inspiración que dio luz a esta muestra, que estará abierta hasta el próximo día 27 de este mes, fue la imagen de la revuelta de Túnez en la que un vendedor de frutas se quemó a lo bonzo después de que la Policía le retirase su licencia para la venta –su único medio de subsistencia-. El hartazgo generalizado por la muerte de este hombre se extendió por el mundo y le hizo pensar en esta crítica ácida a esta crisis. “Para que fluya el cambio, el valor de la acción, por pequeña o simbólica que sea, es más útil y positivo que la resignación”, concluye.