Deconstruyendo a Goya

El historiador y artista plástico alcarreño Pedro José Pradillo revisiona los Caprichos de Goya en la exposición 'Besos y caprichos', inaugurada este miércoles en Ibercaja. • La muestra, que incluye 28 cajas-collage de las 40 realizadas, estará abierta hasta el 19 de febrero.


Como un 'vouyer' se disfruta la revisión personalísima que ha realizado el historiador y artista plástico alcarreño Pedro J. Pradillo a partir de los Caprichos de Goya. Hay que mirar bien y bajarse hasta la altura de estas cajas recicladas -a veces, ver a través de ellas- para encontrarse con esta suerte de dioramas de 30 centímetros de alto por 20 de ancho y 10 de fondo donde Pradillo reinterpreta esa mirada crítica en blanco y negro que realizó el artista de Fuendetodos a la sociedad de su tiempo y sus pecados capitales.

Pradillo realiza una serie de composiciones que actualizan las estampas y contenidos que conforman la conocida serie de aguafuertes. Y lo hace sirviéndose de "múltiples recursos, escándalos y situaciones escabrosas" que pone a su alcance la realidad actual, o "delatando el comportamiento deleznable e irresponsable de los más poderosos y de los gobernantes", dice.

Para 'titular' cada obra, el artista alcarreño se ha servido de los 'Consejos a un joven escritor', del serbio Danilo Kis, perseguido por los nazis y nominado al Nobel de Literatura en varias ocasiones. Un ensayo en el que el escritor facilita a cualquier aprendiz con inquietudes literarias una serie de ideas y conceptos que le serán de herramienta útil para afrontar el reto creativo y forjarse una personalidad crítica e independiente frente a la sociedad.

Pero además, Pradillo ha incluido referencias a los manuscritos de Goya, que ayudan a interpretar estas obras "a camino entre lo genial y lo patético, construidas con obras recicladas", explica.

Y construye su discurso con figuras de animales, caricaturas y muñequitos. Con recortes de prensa, fotografías, jugadores de futbolín sin cabeza y con un candado al cuello, altares, monos, gallinas, placas de zinc, aluminio y tachuelas, la figura caricaturesca de Jordi Pujol (de Gallego y Rey), una foto de Christine Lagarde -su favorita-, presidenta del FMI, con Bob Esponja, con iguanas de plástico, elefantes de terracota, un cráneo de asno, recortes publicitarios, letras de goma y latón o un túmulo de cráneos, entre otras figuras. El resultado: una obra que invita a reflexionar sobre la construcción de una conciencia propia, sobre las injusticias sociales o el papel que cada uno tiene en esta sociedad. Y todo ello con afán propositivo y aleccionador (ten en todo tu propio parecer, no escribas para la élite, no prestes servicios a los príncipes ni a los ricos, no te fíes de las declaraciones públicas...).

De las 40 cajas-collage que componen la primera serie de 'Besos y caprichos' -así ha bautizado esta exposición- en el Centro Cultural Ibercaja expone 28. Hay, no obstante, comprometida una segunda parte que estará lista en dos años ya que el proyecto creativo consta de 80 cajas, la misma cantidad que aguafuertes realizó Goya. "Algunas cajas son de mi última exposición individual realizada en 1996 en el Infantado", matiza, donde introduce una reflexión mordaz sobre los poderosos y el 'establishment', con espíritu provocador y alma de agitador. "El arte tiene que tener una función social y poner el dedo en la llaga, como hizo Goya", defiende.

De pintor sin éxito a artista de 'marca'

Francisco de Goya era un retrastista afamado de la Corte cuando puso con estos 'Caprichos' un punto y aparte en su carrera. Aquejado de una sordera que le provocó un gran colapso y le llevó a tener una intensa vida interior, empezó a probar la pintura de caballete, continuó haciendo muchos retratos, entre ellos el famoso 'La maja desnuda', y creó 'Los Sueños', dibujos preparatorios para los Caprichos. "De pintor de encargo pasó a ser pintor de sentimientos", explicó Pradillo en una conferencia previa a la inauguración de la exposición.

A finales del siglo XVIII, Goya comenzó a elaborar esta serie de estampas satíricas que también revelan cierta desconfianza en el ser humano y 'pintan', con afán de ridiculizar, las extravagancias y desaciertos sociales de su tiempo. Eran objetos ideales donde el artista enjuicia la sociedad con un discurso plástico donde denuncia la corrupción, el poder -los poderosos son pollinos-, la mala educación, la violencia de género -bodas por compromiso-, el abuso de los niños y de las mujeres por parte de eclesiásticos, a la monarquía -la reina coquetea con Godoy-, a las élites -la alternancia política por capricho- y la lujuria como pecado capital. Finalmente, Goya tuvo que donar las planchas al ser perseguido por la Inquisición.

Otras versiones de los Caprichos

Algunos artistas sucumbieron al encanto de esta crítica y análisis social sin paliativos que Goya plasmó en esta serie de aguafuertes, apartándose del arte 'mainstream', reivindicándose como un pintor con sentimientos y personalidad y equiparándose a los intelectuales de su época. "Fue una nueva manera de pintar", apostilla Pradillo.

Desde Salvador Dalí, que entre 1973 y 1977 planteó una primera versión, con otro título, personajes sexualmente potentes y un baño de color, al ilustrador alemán Andreas Nobmann, que en los años 80 y 90 realizó una interpretación de los Caprichos con personajes del Berlín asexuado de la obra 'Cabaret'; sin olvidar a los hermanos Chapman -Jake y Dinos-, artistas conceptuales ingleses "muy irreverentes", autores de 'Grandes hazañas contra la muerte' y de la criticadísima revisión de los 'Desastres de la Guerra', "donde se mofan o se avergüenzan de las víctimas" y hacen "sorna, mofa y crítica a través de personajes... inclasificables", finaliza Pradillo.

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