El Alcázar: rescate del olvido

Pocos edificios de la ciudad, ni siquiera el Palacio del Infantado, tienen tanta historia como el Alcázar y pocos edificios siguen guardando tantos secretos. Fue sede de reyes, testigo de épocas de gran esplendor, sede de acontecimientos históricos, fábrica de paños lujosos y, finalmente, víctima de odios y olvidos. • El bombardeo de diciembre de 1936 acabó con su historia, desde entonces espera aletargado a que alguien le dé una nueva oportunidad. Ahora, su futuro pasa por un acuerdo político y social. El político, para que se recuperen sus ruinas y descubra sus secretos; el social, para que los vecinos dejen de darle la espalda.


Mágico e invisible, así es el Alcázar de Guadalajara. Invisible para la mayoría y mágico para los que saben leer más allá de los ruinosos muros que enmarcan un solar lleno de hierbajos. Es lo que le ocurrió a Julio Navarro, un reputado doctor en arqueología al que le pidieron venir a excavar el Alcázar Real. La propuesta fue para él como un jarro de agua fría. El arqueólogo del CSIC reconoce que llegó obligado: “me lo pidieron unos compañeros y no me pude negar. Lo primero que pensé -confesaba en una conferencia que se impartió en noviembre en el Infantado- es que estaba ante un edificio feudal y cristiano y como yo me dedicaba a la arquitectura y arqueología islámica, lo hice forzado... pero tras la primera limpieza me llevé una gran sorpresa”.

La categoría de lo encontrado hasta ahora es de tal calibre que se compara con los Reales Alcázares de Sevilla. La principal diferencia -según el arqueólogo Ildefonso Ramírez- es que en Sevilla se fueron adosando unos palacios a otros según se construían en distintos siglos mientras que en Guadalajara se superponían unos a otros por la falta de espacio.

Excavaciones intermitentes

Desde que el edificio quedó prácticamente destruido en 1936 por las milicias nunca se había hablado de él ni de su posible recuperación. Pero todo cambió, a finales de los años 90,  cuando se empezó a hablar de construir un nuevo teatro. La idea inicial era ubicar el nuevo teatro, lo que hoy en día es el Buero Vallejo, en el espacio del Alcázar. La respuesta social fue rápida, creándose una plataforma en contra de la instalación del nuevo edificio sobre estas ruinas. Finalmente un estudio arqueológico dirigido por el arqueólogo Miguel Ángel Cuadrado paró el proyecto. “El Alcázar es un BIC (Bien de interés Cultural) y por eso es obligatorio hacer un estudio arqueológico antes de cualquier obra. Cuando lo hicimos se dieron cuenta de que el potencial del Alcázar era muy alto y que era necesario protegerlo”- señala.

Gracias a ello llegaron las primeras excavaciones. La primera campaña se dedicó a limpieza: “tuvimos que vaciar cuatro metros de altura de escombro”, recuerda Miguel Ángel Cuadrado. Después se hicieron los primeros sondeos y aparecieron importantes yeserías pero lo más importante es que, por primera vez, se estableció que el Alcázar es un lugar vital para conocer nuestra historia: “el hallazgo más importante –afirma Cuadrado– fue descubrir el propio conjunto. Hay restos de la fundación de la ciudad y de los cambios que sufrió con el paso del tiempo. Cuando modificaron el Alcázar para hacer la Fábrica de Paños almacenaron el escombro, yeserías y demás, debajo, y eso ha servido de base para los estudios. Las yeserías sólo se ponían en edificios religiosos o civiles de alto nivel y lo mismo pasa con las cerámicas, eso nos demuestra la importancia de este edificio, que fue sede de reyes”.

Con estas excavaciones, que duraron hasta 2002, se estableció el valor del Alcázar como yacimiento arqueológico. Paralelamente, y sin que hubiese supervisión arqueológica, el Ayuntamiento, propietario del inmueble, autorizó una escuela taller para restaurar las Caballerizas. Fueron los primeros trabajos. Después, hubo un nuevo parón de dos años.

En 2004 el Ayuntamiento firmó un convenio con la Escuela de Estudios Árabes de Granada integrada en el CSIC (el Centro Superior de Investigaciones Científicas). En 2005 se retomaron las excavaciones y con ellas llegó el principal descubrimiento: “lo primero que pensé –afirma Julio Navarro– es que estaba ante un edificio feudal y cristiano y como yo me dedicaba a la arquitectura y arqueología islámica no me parecía un reto interesante”. Pero tras la primera limpieza llegó la gran sorpresa, “inmediatamente vi un palacio real mudéjar, un palacio castellano pero de tradición islámica, un sitio que daba claves sobre la propia arquitectura islámica. El palacio me ganó”. Las investigaciones permitieron descubrir algunos de los elementos claves de este edificio del siglo XIV: la existencia de un patio de crucero, una alberca rectangular, las infraestructuras que hay debajo del salón, la gran terraza asomada al barranco del Alamín… Para Julio Navarro fue un flechazo.

Así es cómo se descubrió que el Alcázar de Guadalajara, del que ahora sólo vemos cuatro paredes, es un edificio singular y clave en la historia de la arquitectura bajomedieval. Los arqueólogos consideran que es un eslabón clave para entender la arquitectura palatina de esa época tanto en Al Ándalus como en el mundo castellano ya que en esa época ambas culturas intercambiaban y copiaban tendencias.

Las investigaciones del CSIC de 2004 descubrieron que debajo del edificio había otro que se arrasó, aunque no pudieron fecharlo, ya que sólo se analizaron dos metros cuadrados de terreno. Podría ser la antigua Alcazaba: “En 1998 encontramos material que está asociado a una etapa temprana de dominación andalusí –señala Miguel Ángel Cuadrado- pero estructuras no se han encontrado. Creemos que viendo el plano de la ciudad es el lugar más adecuado para ubicarla”. Los hallazgos fueron fundamentales. “El Alcázar no es un castillo más, castillos hay miles. Estamos hablando de un Palacio Real. Es único, construido en Castilla y con elementos que son anteriores a los encontrados en la Alhambra, con lo que podrían ser referencia para ese gran monumento de Granada”, señala Ildefonso Ramírez.

Paralelamente a estas excavaciones arqueológicas, iniciadas en 2005, el Ayuntamiento encargó un proyecto arquitectónico al estudio Latorre & Cámara, la idea era que los turistas pudiesen ver los restos y estructuras que se iban descubriendo. Para ello se instaló un sistema de pasarelas y se montó un centro de interpretación donde se explicaba la historia del monumento y los trabajos que se realizaban en él. Esta parte turística del Alcázar apenas se mantuvo abierta unos meses, las visitas se interrumpieron bruscamente en verano de 2010. La causa, según Ildefonso Ramírez, fue que el monumento había perdido interés de cara al público ya que no había excavaciones que permitiesen mantener la curiosidad de los visitantes: “el Ayuntamiento no tenía equipo de arqueólogos y el convenio con el CSIC, al haber un cambio de grupo político tras las elecciones, simplemente no se renovó. No hubo enfados, ni problemas, simplemente se dejó así”. Para buscar nuevos alicientes se pensó en hacer un nuevo Plan Director, otro más, para recuperar el edificio.

Un gasto inviable

Una vez que el Plan Director del CISC, centrado en la investigación, hubo terminado, el Ayuntamiento quiso poner en marcha un plan de recuperación y consolidación del edificio, un trabajo que devolviese al Alcázar, en la medida de lo posible, su aspecto original. “La idea era establecer una hoja de ruta para fijar el orden en que se iban a recuperar los distintos elementos -recuerda Ildefonso Ramírez-: hacer el estanque, recuperar los jardines… aquello que el público pudiera demandar. También se quería ampliar la investigación al cuartel de Globos e incorporarlo como parte del Alcázar”. 

Pero devolver al monumento su esplendor tenía un alto coste: 12 millones de euros. Para Ildefonso Ramírez ese Plan Director fue el principio del fin, “ha quedado demostrado que pedir un Plan Director es la mejor manera de parar un proyecto. En ese plan se incluían cosas muy costosas, por ejemplo se planteaban interconexiones con un ascensor que iba a llegar desde el monumento hasta el barranco del Alamín... Como curiosidad diré que el llamado Eje Cultural viene de esa época. En aquel momento se marcaban dos puntos culturales que eran el Alcázar y el Fuerte de San Francisco, cuando esos dos puntos estuviesen en funcionamiento se iba a mejorar el entorno que iba de uno a otro, por eso se denomina Eje cultural la obra que se ha hecho en esa zona, sin embargo, ésta ha llegado antes que la puesta en valor de los dos edificios y ha mantenido su nombre aunque en realidad no ha sido más que mejorar una calle”.

Al final el presupuesto del Plan Director era tan alto que el Ayuntamiento ni siquiera presentó el proyecto ante la Junta. Después estalló la crisis y el sueño del Alcázar se quedó en un cajón aunque el alcalde, Antonio Román, siempre que le preguntan, asegura que se retomará “cuando haya dinero”.

Escuela Internacional de Arqueología

Después de 13 años de trabajos y con un millón de euros invertidos, el tema vuelve a retomarse ahora y lo hace con un proyecto menos ambicioso pero, quizá, más realista. La idea es planteada por el propio Julio Navarro. En su última visita a Guadalajara ensalzó la gran oportunidad que ofrece el Alcázar y la ciudad en sí al mundo de la arqueología sobre todo por su emplazamiento: “Este yacimiento es urbano, está en medio de la ciudad y eso es una ventaja para alojamiento o manutención de un grupo de trabajo… Y no sólo eso, sino que esa ciudad está a 30 kilómetros de un aeropuerto internacional y a 60 kilómetros de Madrid, la capital. Este yacimiento tendría que ser potenciado basándolo en sus condiciones óptimas por estar en una ciudad y también por las relaciones que se pueden establecer con instituciones académicas de Madrid, y con nosotros, el CSIC”.

Julio Navarro pide la creación de una escuela internacional de arqueología medieval con una perspectiva a medio y largo plazo: “si se consiguieran los recursos para ir en esta línea, se podría convertir a Guadalajara en referente internacional, y es un proyecto económico que no es caro. Se trata de hacer confluir intereses y voluntades del mundo académico y científico. En la época en que realizamos las excavaciones estábamos buscando un yacimiento-escuela de categoría internacional en el CSIC y siempre pensamos que Guadalajara reunía las mejores condiciones porque el acceso al yacimiento es fácil gracias al aeropuerto de Barajas, tienes las comodidades de estar instalado en una ciudad, facilidades de espacios para hacer cursos… Pero esa decisión tiene que venir de responsables políticos contando con la altura de miras de los que participamos en el proyecto”. La propuesta, según Ildefonso Ramírez, todavía sigue en pie.

Mientras Julio Navarro hablaba de esto en la citada conferencia, el guante ya lo había recogido un grupo político, Ciudadanos Guadalajara que, junto al arqueólogo, Ildefonso Ramírez, ha elaborado una propuesta para presentarla en el Ayuntamiento de Guadalajara.

La idea es firmar un convenio con el CSIC, donde trabaja Navarro, a cuatro o cinco años con una dotación económica no superior a 200.000 euros anuales. Según Alejandro Ruiz, portavoz de Ciudadanos, si se establecen convenios el Ayuntamiento no tendrá que aportar todo el dinero: “evidentemente habrá cantidades que se podrán conseguir por otros cauces y si firmamos convenios con las universidades puede llegar dinero. Este centro de excavación sería el único de España y el único con esas características en Europa y zonas de África. Hay expediciones que se están mandando a Israel y esto sería mucho menos costoso”.

La idea es atraer dos tipos de profesionales, los arqueólogos e investigadores, que darán nueva actividad a la ciudad, y un nuevo tipo de turista que puede ver cómo se desarrollan los trabajos. “Además es un turismo vivo ya que las excavaciones van a modificar el terreno e invitarán a una segunda o tercera visita de las mismas personas para ver los cambios”.

Más vida para el casco

Para Alejandro Ruíz este plan servirá para alargar el centro histórico de Guadalajara: “ahora el centro muere en la calle Mayor, con esto se revitalizará la zona hasta el Alcázar, sería una nueva zona cultural con la Iglesia de los Remedios, los cuarteles, la universidad… que ahora es prácticamente desconocida. Eso ayudaría al centro y de paso daríamos argumentos para llevar la universidad a las Cristinas”. Las visitas turísticas serían realizadas por guías autorizados, ya que “es necesario explicar a la gente que ese montón de piedras que hay ahí era un salón o una caballeriza”. El ejemplo a seguir es Recópolis: “en un principio era difícil de imaginar, era un montón de piedras, pero ahora está perfectamente dibujado y se ha convertido en un foco de atracción turística”, remata el concejal.

Para Cuadrado, el valor turístico del Alcázar resulta innegable: “ahora mismo conserva una buena parte de sus cuatro muros, el cuadrilátero con las dos torres esquineras de mampostería y una de las esquinas con la torre de tapial cuadrada grande, más la puerta de acceso al torreón. Se conserva bastante del alzado, todo ello gracias a que antiguamente no se tiraban unos muros si se podían aprovechar para la nueva construcción. Aún hay edificio para poder ver. He visto ruinas bastante más pobres mejor explicadas y valoradas. Hay que enseñar lo que tenemos. En la zona del barranco del Alamín es donde mejor se ve la estructura del castillo y todo está lleno de maleza, de puntales… eso es fácil de solucionar”.

La idea es retomar las cosas donde se dejaron en 2010, pero sin la ambición de los 12 millones de euros. “Ese poco a poco es importante porque en un solo mes puede ser visitable, en cuanto se limpie la zona. No es una utopía, con ajustar las pasarelas y adecentar la zona verde que costará 20.000 euros es suficiente y podría ser usada por los estudiantes del aulario que está enfrente”, dice Alejandro Ruiz. También se adecentará el entorno, por la calle Madrid.

Los trámites ahora son dotarle de partida presupuestaria y después establecer los convenios entre CSIC y Ayuntamiento para, cuando el tiempo lo permita, empezar con los trabajos. Alejandro Ruiz confía en que no sea necesario llevarlo al Pleno ni siquiera en forma de moción si se alcanza un acuerdo firmado por todos los grupos políticos. Le consta el interés de Ahora Guadalajara y del PSOE, que se han intentado poner en contacto con Ildefonso Ramírez, el arqueólogo propulsor del proyecto, y también ha tenido un primer contacto con el equipo de gobierno: “al principio pensaron que era otro Plan Director y salieron corriendo, literalmente, no querían ni oír hablar del tema. Después he hablado con el alcalde, Antonio Román, y creemos que sí pueden estar a favor. La disposición es positiva, el alcalde considera que si es viable económicamente se puede mirar”. Para el concejal de Ciudadanos no tener un “no” es importante, “aunque ahora es el concejal de Economía el que tiene que dar la luz verde”.

Esta iniciativa supondría la creación de una comisión de seguimiento que vigile su funcionamiento y que estaría formada por el director del museo, representantes del Ayuntamiento, de la propia alcaldía, responsables de la excavación y de las universidades con las que se establezcan conciertos.

Alejandro Ruíz asegura que ya han hablado con varias escuelas de arqueología y están interesadas y encantadas con el proyecto. La iniciativa estaría liderada por el propio Julio Navarro. “Sería la mejor persona para ponerse al frente, hemos hablado con él y en principio ha mostrado su interés y disposición de ponerse al frente”.

Miguel Ángel Cuadrado valora como “muy positivo” que se vuelva a hablar de recuperar el Alcázar: “hay una necesidad de que el edificio no se deteriore y se saque todo el rendimiento que se pueda a esa zona. El hecho de que se vuelva a hablar del Alcázar es magnífica la traiga quien la traiga”.

Mientras tanto arqueólogos como Ildefonso Ramírez piensan que se acaba el tiempo: “hace falta concienciación de todos. Posibilidades tiene. Yo creo que estamos en el momento límite de recuperarlo. Hay mucha gente de la comunidad científica interesada en participar en el proyecto y en estas cosas es muy importante dónde se hacen los primeros descubrimientos. Si mañana se descubre algo similar en Alcalá de Henares, hemos perdido toda la gracia porque aquí lo que vale es el primero que llega. Si no lo hacemos a tiempo, el referente será otro lugar y no será Guadalajara. Además ya se ha hecho una inversión de más de un millón de euros,  sólo por eso debería ponerse a funcionar, con costes mínimos, pero volviendo a recuperar las excavaciones. Hay que hacer una arqueología social para que la gente tire del proyecto a través de las visitas y a través del interés”.

Ya se ha dado un primer paso; mientras tanto, el Alcázar espera silencioso y paciente.


UN PASEO POR EL TIEMPO…

Se saben algunas cosas sobre él pero sigue guardando multitud de secretos. Todo hace pensar que el Alcázar se asienta sobre una antigua Alcazaba andalusí porque es el mejor emplazamiento de la ciudad, pero es algo que los estudios arqueológicos no han podido todavía determinar. Lo que sí han establecido es que a finales del siglo XIII se levantó allí un palacio real de estilo mudéjar que, durante mucho tiempo, fue sede de reyes. Incluso se celebraron en él dos sesiones de Cortes. Fue la época de mayor esplendor del Alcázar, un espacio que contaba con un gran patio central en el que se ubicaba una alberca rodeada de jardines. La vivienda con sus distintas dependencias se organizaba alrededor del patio. El edificio contaba además con una gran terraza sobre el barranco del Alamín.

Pero la época de esplendor terminó. A finales del siglo XV, las luchas de poder dejaron el Alcázar abandonado, un abandono que se acentuó con la construcción del Palacio del Infantado como residencia. Así el Alcázar empezó a tener distintos usos: almacén, sede concejil, cuartel… Tras una nueva batalla quedó destruido.

A principios del siglo XVIII se recuperó para instalar en él una fabrica de paños que funcionó durante más de un siglo. Tras un nuevo abandono se instaló en su interior el Cuartel de San Carlos. También se usó como sede del Parque de Aerostación y, con el tiempo, se convirtió en colegio de huérfanos de la guerra. Durante la Guerra Civil, el bombardeo del 6 de diciembre de 1936 lo destruyó por completo y así se mantuvo hasta 1998, el año en el que se llevaron a cabo las primeras excavaciones.


Este reportaje ha aparecido originalmente en versión impresa, en el número 10 de Cultura EnGuada correspondiente a diciembre/Invierno de 2015.

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