Descubriendo a Fermín Santos, el pintor ‘maldito’

El Espacio de Arte ‘Antonio Pérez’ de la Diputación acoge hasta el 27 de junio una antológica del pintor de Gualda que falleció en Sigüenza hace 18 años. • Los cerca de 30 cuadros, tres acuarelas y cuatro dibujos a tinta que componen la exposición han sido cedidos por tres coleccionistas madrileños, entre ellos, el sobrino del pintor, Leandro Fernández Santos.


José Luis, Leandro y José tienen en común varias cosas. Su amistad, su generación y su pasión por la pintura de Fermín Santos. Los tres han cedido obra de sus colecciones privadas del pintor nacido en Gualda en 1909, para configurar la antológica que hasta el próximo 27 de junio se puede visitar en el Espacio de Arte ‘Antonio Pérez’, en el Centro San José. Una oportunidad única para descubrir a un pintor de la tierra, interesado por las maneras goyescas, los asuntos costumbristas y las escenas populares.  

El caso de Leandro Fernández Santos, por ser sobrino del artista, aporta el matiz más personal a esta exposición. Es la única huella familiar de una muestra que rescata al Fermín Santos que amaba los paisajes, la naturaleza. Al Fermín Santos de la primera etapa. También al que empezó su carrera en Madrid a través de cuatro dibujos en tinta china. Y revela para el público alcarreño al Fermín Santos más desconocido. El de los años 80, apasionado por pintar el interior de catedrales y de claustros (como el de Poblet, maravilloso) y llenar de dramatismo a las figuras; al que le fascinaba jugar con los claroscuros, incluso recrearse en el tenebrismo, tan cercano a las pinturas negras de Goya, al que es imposible olvidar en esta exposición de 28 óleos, 3 acuarelas y 4 dibujos a tinta china pintados a palillo con una rapidez pasmosa, “en media hora”, recuerda su sobrino Leandro. 

Fue él, el que habló por primera vez de su tío a José Picón, compañero de pupitre en Bachillerato. “Me quedé con su historia, esos inicios duros...”, recuerda, pero ahí quedó todo. Hasta que un día, un anticuario le ofreció una colección de pintura de Fermín Santos: “al oir el nombre, me fui a verlos y le compré 20”, todos los que le ofreció, tras llegar a un acuerdo. Son los óleos que Picón ha cedido ahora y a los que suma ‘El sátiro y la corista’, que adquirió su mujer mediante subasta, y uno más, comprado por su hijo.

La serie de Picón “descubre una etapa nueva del pintor. Con todos los respetos, los cuadros de las calles madrileñas, que tanta fama le dieron, no me gustaban tanto”, admite. Son escenas que “me recuerdan a Goya y a Lucas Villaamil” y que ha tenido colgadas en su notaría madrileña. El cuadro que más llamaba la atención a sus clientes era ‘En el interior del mesón’ (1975), presente en esta exposición. El cuadro revela la osadía -quizás también la singularidad- que como pintor tenía Fermin Santos: “había muy pocos pintores que se atrevieran a pintar negro sobre negro”. 

“Hay que sentirse orgulloso de él”, defienden los tres coleccionistas en el programa de la muestra. “No es un pintor cualquiera”. (Antonio Manuel) Campoy, Premio Nacional de Crítica y Arte, que lo incluyó en su obra ‘100 maestros de la pintura española contemporánea, llegó a decir de él: “Es como Van Gogh en su día, como luego Solana, Mateos, ese pintor ‘maudit’ (maldito) que cada época tiene para reservárselo a la lucidez de la posteridad”.  

“Sacaba sus cuadros a la calle”

La llegada de esta retrospectiva a Guadalajara se debe al que fuera presidente de la Casa de Guadalajara en Madrid, José Ramón Pérez-Acevedo, que “nos puso en contacto con estos coleccionistas, poseedores de una amplísima obra de uno de los pintores más importantes de la provincia de Guadalajara”, explica Plácido Ballesteros, Jefe del Servicio de Cultura de la Diputación. “No podíamos dejar pasar esta oportunidad de dar a conocer obras que nos acercaran a la faceta más desconocida de Fermín Santos”. 

El político seguntino Lorenzo Robisco, recuerda “las muchas veces que he visto pintar a Fermín Santos” en la Ciudad del Doncel. Robisco vivía en la calle San Roque y "desde que era un niño siempre pasaba por delante de su casa. En verano, sacaba los cuadros a la calle y se podían ver. Era un placer, una maravilla. No lo valoraba entonces pero sabía que era especial”.

Sus raíces seguntinas llevaron a Santos a pintar también muchas escenas de Sigüenza: el interior de la Catedral en 1981 o una corrida de toros (1980); también, ‘Imón’ (1950) o ‘Toros en Gualda’ (1980), por citar algunos de los cuadros presentes en esta antológica. Como anécdota, cuenta el coleccionista José Luis Benavides, también pintaba frente al castillo, hoy Parador Nacional: “Era un hombre extraordinariamente afable y como a mí me gustaba pintar, me ponía al lado de él, en el castillo. Allí me enseñó la técnica de sus dibujos de tinta china, que hacía con palillos de dientes en un abrir y cerrar los ojos, cómo sombreaba… En muchas de sus pinturas, había rasgos goyescos” y sus cuadros dejaban entrever esa capacidad para generar “contrastes”, una “capacidad pictórica poco corriente”, asegura convencido Benavides, que ha cedido para la muestra una serie taurina (en Chinchón, en Jadraque con el castillo del Cid de testigo o en Santamera).

El ‘trio del color’

Fermín Santos estaba enamorado de las tierras de la Alcarria, de sus gentes, pero también de la ciudad de Madrid, “que siempre lo consideró como uno de sus pintores y uno de sus mejores intérpretes”, aseguran los tres coleccionistas madrileños. Allí, en Ribera de Curtidores, en pleno Rastro, Fermín Santos ubicó su casa y su primer estudio, en Carlos Arniches. “Sus padres, mis tíos, aunque eran terratenientes en Gualda, no querían vivir en un pueblo tan pequeño”, asegura Leandro, y emigraron, como tantos otros, a la capital. Allí se formó e ingresó en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando y tras trabajar en la Fundación Generalísimo Franco como decorador, su carrera dio pasos de gigante y pudo vivir de su arte para siempre.

En plena madurez pictórica, descubrió Sigüenza -el certamen de pintura de la localidad lleva, de hecho, su nombre- y allí se quedó, muriendo en 1997. Su obra se ha llegado a ver en el Reina Sofía, los Museos Vaticanos o la prestigiosa Fundación Camón Aznar.   

Su “impecable ejecución” pictórica se puede observar en los cuadros reunidos especialmente para esta muestra, que es también, en cierta manera, un homenaje a los hijos del pintor, Antonio y Raúl, ya fallecidos. Los tres fueron bautizados por el que fuera Cronista de la Ciudad de Sigüenza, Juan Antonio Martínez Gómez-Gordo como “el trío del color”.