El arte manchú que llegó a Guadalajara en papel de arroz

Con tinta, guache y acuarela se pintó en la China feudal, representando postales de la vida de la dinastía manchú. Se puso de moda en el siglo XIX y gracias a los aristócratas Torres y Figueroa llegó al Palacio de La Cotilla, convirtiéndolo hoy en el único con pinturas en papel que hay en España. • El mural que decora el salón chino de La Cotilla es el detalle monumental del mes.


Es mucho más que un simple papel de arroz. Frágil y delicado. El mural que decora el Salón Chino del Palacio de la Cotilla le convierte en el único con pinturas en papel que hay en España y la restauración que se acometió en el año 2000 durante año y medio fue crucial para salvarlo del deterioro paulatino y su probable desaparición. Durante febrero, su técnica pictórica es el detalle monumental del mes y los visitantes que se acerquen hasta este peculiar salón conocerán la historia que encierra la decoración que lo ha hecho famoso. La pintura original fue hecha a mano con tinta, guache y acuarela y se trata de un ejemplo decorativo de la dinastía Quing, que muestra diferentes postales de la vida de la China feudal.

El Salón Chino del Palacio de la Cotilla, uno de los monumentos más visitados de la ciudad, habla de los gustos de una época -el siglo XIX- en la que la pintura china sobre papel de arroz se convirtió en un producto de exportación y material de uso frecuente en la decoración de las casas aristocráticas y adineradas.

Este Palacio, edificio del siglo XVII realizado según el estilo arquitectónico de la época, vivió la familia Torres. Sus propietarios, Ana de Torres e Ignacio de Figueroa, remodelaron en 1892 el antiguo edificio perteneciente a Inés de la Cotilla, convirtiéndolo en una lujosa y cómoda vivienda. Compraron el papel de arroz en uno de sus viajes a Francia -tenían su residencia habitual en Marsella por motivos de trabajo- y lo enviaron a su casa de Guadalajara para decorar el famoso salón. En aquellos años, Marsella era un importante puerto donde recalaban productos de la Indochina francesa -Vietnam, Camboya y Tonkin- y era fácil adquirirlo.

Pese a que estaba de moda, era muy frágil y esa fragilidad ha dificultado su conservación, "por eso el Salón Chino del Palacio de la Cotilla de nuestra ciudad es una excepción digna de admirar", defienden desde la concejalía de Turismo.

Una restauración crucial

De la restauración del mural chino se hizo cargo la empresa familiar de restauración y encuadernación artesanal y artística Camacho, de Madrid, fundada a finales de los años 70 por Angel Camacho, quien en una entrevista publicada en el blog 'El archivo: la gestión de la memoria' confesaba que la intervención en el Salón Chino del Palacio de La Cotilla había sido el mayor reto de la empresa: "nos hemos enfrentado a muchos: manuscritos, incunables y obras gráficas de artistas como Durero y Chillida entre otros, pero desde luego la intervención en el Salón Chino de Guadalajara se lleva el premio gordo. Fue un año y medio de trabajo combinando labores in situ y en taller". Camacho destaca en la conversación que el reto se debió, sobre todo, a "la peculiaridad de la obra, el estado de conservación y los tratamientos de desmontaje y montaje. Todos los que trabajamos en él, nos sentimos muy orgullosos".

El coste para la ciudad "fue de 12 millones de pesetas", señala en un artículo publicado en su blog personal, el editor y cronista provincial, Antonio Herrera Casado, y "la intervención sobre este fragmento del patrimonio artístico de Guadalajara ha sido salvadora y protectora", añade. Esa restauración permitió descubrir que bajo ese papel existía otro, colocado con anterioridad, de motivos vegetales.

Crónicas de la vida manchú

El periodista y antropólogo burgalés Luis Pancorbo, en un fantástico reportaje para El País, describe con poesía lo que ven sus ojos en su visita al salón: "... ahí están esos cuentos de un día de verano en la China profunda, imágenes sobrevividas a un incendio en 1920, a las moscas y los hongos, los gamberros y la incuria, la humedad y los soles. Por si fuera poco, el papel de arroz fue atacado por los insectos bibliófagos, peores que Gregor Samsa" y añade: "la restauración de 2000-2001 salvó al fin el único salón chino con pinturas en papel que hay en España, no contando a estos efectos el salón chino de porcelana del palacio de Aranjuez".

"Lo que se representa en estos muros es la vida entera de un pueblo chino", escribe Herrera Casado, "aunque la primera impresión que lleva el espectador es la de un 'revolutum' de personajes y escenas -se han contado 380 figuras humanas en él- enseguida se aprecia la estructura del complejo y la evidencia de edificios y personas ocupándolos, así como calles y plazas entre unos y otros, lo que compone un amplísimo espacio urbano".  

"Es un peculiar ejemplo del arte decorativo de la dinastía Quing (1644-1911) donde se aprecia el gusto naturalista y realista de la más antigua tradición china", relata el historiador y técnico de Patrimonio municipal, Pedro José Pradillo en el libro 'El Palacio de La Cotilla y su salón chino', editado por el Patronato en 2006. En el origen, añade, "el programa decorativo del salón alternaba muebles de estilo Luis XV con otros de gusto asiático".

El salón chino muestra no sólo una decoración única sino una crónica pictórica que deja testimonio de la vida del país asiático en el Medievo. A las ocho estampas xilográficas de arte Edo que protagonizan mujeres y muestran escenas de su vida diaria en los jardines de sus casas, el gran mural, en seis escenas y varias más secundarias, ilustra comitivas imperiales, una comparsa de músicos, el interior de una hacienda feudal, el alzamiento de un mastil conmemorativo, operarios de una hacienda preparando una mesa para un festejo, un verdugo que muestra un hacha en señal de justicia, un señor feudal que dicta sentencia contra un jefe militar, una conversación tranquila, un maestro que dirige la lectura de sus alumnos, paisajes, lagos... pedazos de vida de la dinastía manchú.