Las sagradas ‘viñetas’ del románico

El historiador Herrera Casado expone con profundidad pero sencillez en ‘Iconografía románica en la provincia de Guadalajara’ quince lecturas de relieves en iglesias de la provincia. • Las figuras de calendarios, bestiarios o escenas de la Biblia que hay en portadas, celosías o galerías de los templos recomponen el discurso aleccionador imperante en la época.  El libro reúne estudios hasta ahora dispersos sobre el calendario de Beleña, la cargada puerta de Santiago en El Salvador de Cifuentes, la trompa de la Catedral de Sigüenza, las galerías de Sauca y Pinilla o elementos de tres iglesias de Atienza y otras de Albendiego, Campisábalos, Cereceda, Millana, Valdeavellano, Tartanedo, Labros e Hinojosa.


Son viñetas medievales grabadas sobre la piedra, mensajes sometidos a los vaivenes del tiempo y los maltratos del vandalismo y la ignorancia, obras de arte que tejen un mensaje casi eterno: allí libran una pugna perpetua el bien y el mal, lo correcto y lo censurable, la virtud y el pecado. Se nos presentan como adornos de las iglesias románicas, a veces casi indescifrables por su estado de conservación o por la lejana iconografía que usan, pero esconden, en realidad, los discursos religiosos y moralizantes con los que los sacerdotes aleccionaban en el Medievo a un pueblo iletrado.

El libro ‘Iconografía románica en Guadalajara’ recién publicado por el historiador Antonio Herrera Casado repasa más de quince ejemplos de relieves en iglesias románicas de la provincia con un resultado asombroso, porque rescata el relato escrito sobre la piedra en cada uno de los ejemplos, desde el asombroso calendario de la portada de la iglesia de Beleña hasta los encriptados trazos de las celosías templarias del precioso templo de Santa Coloma en Albendiego, pasando por Atienza, Cifuentes o la comarca de Molina, deteniéndose en pórticos, trompas o atrios.

No es el primer libro que Aache dedica al románico guadalajareño, como bien indica el autor Herrera Casado en el prólogo de este otro trabajo que recopila estudios que hasta ahora habían visto la luz a lo largo de las últimas décadas en diferentes soportes. Entre las novedades de este volumen está la aplicación del método Panofsky para interpretar la iconografía.

A continuación repasamos algunas de las aportaciones y curiosidades de este libro, aunque las 156 páginas publicadas en la editorial alcarreña son muy generosas en información y combinan el rigor habitual del también cronista oficial de la provincia con su cuidado estilo en la redacción. Baste como ejemplo estas palabras cuando en una de las últimas páginas se desplaza hasta la ermita de Santa Catalina en Hinojosa: “el viajero percibirá en este caso la singularidad del espacio en que asienta, la magia de un territorio desértico, silencioso, aislado como pocos, en el que las formas arquitectónicas románicas emergen puras de un pasado devastado”.

La mejor prueba del éxito del libro en quien lo acaba no sólo será la lectura enfrascada en los detalles de los que da cuenta, sino el impulso que sufre el lector de echarse a los caminos para redescubrir esta vez por sí mismo los vistosos mensajes medievales de las propias iglesias de nuestra provincia.

El calendario de Beleña: todo un año de trabajos

La iglesia parroquial de Beleña de Sorbe, dedicada a San Miguel, guarda en su portada un auténtico tesoro: catorce relieves, doce representaciones de cada mes del año y, en los extremos, dos curiosas imágenes del bien y del mal a través de una figura de un ángel y otra con un rostro africano, identificado en la época con lo negativo.

Herrera Casado desgrana aquí la imagen adjudicada a cada mes del año y resuelve algunas curiosidades, como los motivos por los que la tradicional matanza del cerdo aparece en el mes de enero y no en diciembre, o el sentido del caballero cazador en mayo… un conjunto cuya iconografía muestra influencia de diversas tradiciones como la carolingia.

Como hace en cada estudio incluido en el libro, además de la descripción el académico de la historia intenta aclarar la existencia de un discurso o programa teológico general al poner en común cada uno de los relieves. En este caso, en el mensario “aparece el hombre como sometido a la fatalidad de un círculo eterno de trabajo”. Esto que sucede en escenas tan pegadas a la tierra tiene también un camino hacia el cielo: “ese círculo tiene una salida, y es la Fe en Cristo” que lleva a la salvación. De ahí que el recorrido anual comience en dos capiteles de la izquierda “que son alusivos al pecado original y a la tentación del demonio”, mientras los dos de la derecha “muestran la evidencia de la resurrección de Cristo tras su Pasión y Muerte”. Así, todo el conjunto funciona como una suerte de cómic o mosaico en el que cada imagen individual está puesta al servicio de un mensaje de mayor alcance.

La cifontina Portada de Santiago: límite entre el Bien y el Mal

La puerta de Santiago en la iglesia del Salvador de Cifuentes es para Herrera Casado “uno de los mejores conjuntos de arte románico en la provincia de Guadalajara, tanto en lo que se refiere a pureza constructiva arquitectónica, como en la densidad de iconografía y calidad del temario ofrecido”. Muy cargada de representaciones, esta obra fechada entre los años 1260 y 1268, e inspirada en el románico francés, presenta el pulso entre las virtudes y los vicios con abundancia de figuras impactantes, como demonios y bestias: “por la chambrana, arquivoltas, capiteles e imposta corre un denso mensaje teológico”. Se trata de un “idioma simbólico” al servicio de “un cometido educativo, aleccionador” que entronca con el discurso hegemónico en la época –que también aparecen en los sermones y los escritos–.

En el libro, el autor presenta un esquema de las muchas representaciones que se concentran en esta puerta y se detiene en la descripción de cada una de ellas, para después aplicar la interpretación al conjunto. Así, la chambrana expone el mensaje del Apocalípsis al presentar el Coro de los Victoriosos que –independientemente de la condición social de sus individuos– alcanza la salvación por sus virtudes en vida, frente a la Confusión de los Réprobos Condenados, “víctimas por sus propios pecados de los seres que pueblan el Infierno”. Todo ello estaría coronado seguramente por una figura de Cristo, que se habría perdido, para conformar un cuadro general alusivo al Juicio Final.

El historiador aborda en realidad cuatro niveles iconográficos en que se divide el denso conjunto. Están no sólo el “nivel humano”, sino también el “nivel de vida perfecta” en los 14 capiteles con escenas de la vida de Cristo –de nuevo la Biblia como ‘cómic’– que ofrecen una guía al buen cristiano para “vencer la tentación y llevar una vida virtuosa”; en un tercer plano se muestra a los apóstoles y ángeles en el “nivel de gracia” y, ya en un cuarto y último, “el juicio antes de Dios” en el “nivel de la vida eterna”.

El mensaje reunido para quien hace siglos contemplaba estas escenas era claro: el templo es el lugar de encuentro con Dios, de modo que la puerta, con sus explícitas representaciones para infundir “temor y arrepentimiento”, constituía la línea divisoria entre quienes estaban y no estaban dispuestos a aceptar el mensaje de vida virtuosa.

Santa María del Rey en Atienza: ganan los ‘buenos’

La portada meridional de la atencina Iglesia de Santa María, cuya ilustración está en la portada del libro, muestra en sus arquivoltas una serie de figuras de reconocible apariencia románica que responden a un programa teológico que Herrera Casado analiza en el tercer capítulo: las 81 figuras realizadas por el mismo tallista que en El Salvador de Cifuentes presentan 65 bienaventurados, seis réprobos (figuras monstruosas) y diez ángeles.

De nuevo el conjunto resalta la recompensa para las vidas virtuosas: “Un gran bloque de seres venerables, respetables, que ya han muerto y por su vida perfecta, han alcanzado el calificativo de bienaventurados, ocupan los diversos círculos o estamentos del cielo”, junto a las figuras divinas y celestiales, mientras que en un nivel inferior visual y también filosóficamente, ámbitos mundanos, “el vicio y la virtud están todavía en balanza que puede escoger el hombre”. Al círculo central pasarán, nos dice la representación, quienes escojan el camino correcto, la práctica de la virtud: ganan, por supuesto, los buenos.

Santa María del Val de Atienza: repudio de saltimanquis

Construida a finales del siglo XII, del templo original quedan sólo restos, entre ellos la Portada que motiva el estudio incluido en esta compilación. De ella dice el autor que “puede figurar, por sí sola, y con toda justicia, entre lo más destacado del arte románico”.

Hay en su arquivolta interna diez figuras curiosas de personajes medievales, “enrolladas y contorsionadas al máximo”, que incluso tocan con los pies sobre la cabeza. Típica del románico francés, esta iconografía resulta en cambio única en el románico español.

¿Qué representan estos ‘simpáticos’ personajes? “En la Edad Media existía un grupo social de saltimbanquis, acróbatas y contorsionistas que iban de pueblo en pueblo ofreciendo su espectáculo semicircense” y que “se acompañaban de personajes marginales, prostitutas y cantantes”, nos aclara Herrera Casado, que también nos advierte de que las autoridades eclesiásticas los tenían “muy mal vistos, pues se supone que distraían a los fieles de sus obligaciones cristianas”. Estos individuos de la Corte de los Milagros, que formaban la secta de los goliardos, se quedan en esta iglesia atencina a las puertas del templo: su entrada les está vetada. El mensaje al pueblo llano es claro: “estos seres se quedaban siempre fuera, eran repudiados”.

San Gil de Atienza: las caras del bien y del mal

La iglesia de San Gil de Atienza, levantada en su estructura original en el siglo XIII –aunque ya sólo queda el ábside, el resto se reconstruyó en el siglo XVI– es en estos momentos uno de los tres museos de arte antiguo de la villa. El cronista oficial de la provincia se detiene esta vez en un detalle “pequeño y trascendental” del presbiterio. Son dos cabezas humanas a los pies de los arcos nervados, una de ellas con alas en las orejas (la referencia angelical simboliza siempre la bondad), y otra a la izquierda que tiene diablillos en las orejas que “gritan” en un claro “símbolo de pecado, del diablo que tienta”. El mal, en este caso, tiene de nuevo un rostro africano, porque los rasgos, pese a la ausencia de color, son típicos de una persona de raza negra.

Huellas templarias en Albendiego

El caso de las celosías de Santa Coloma de Albendiego, construida en el siglo XII, hoy restaurada y uno de los enclaves más conocidos del románico guadalajareño, resulta un tanto particular en el conjunto del libro publicado por Aache, porque aborda aquí elementos románicos no figurativos, a diferencia de lo que ocurre en el resto del volumen.

Herrera Casado se fija en las dos capillas a ambos lados del presbiterio, “dos receptáculos increíbles, donde el arte misterioso, virtual y místico de la Edad Media, parece detenerse y fluir de sus piedras”, escribe el historiador. Las celosías de los ventanales del ábside tienen elementos esotéricos islámicos y cristianos enlazados. Actualmente se sabe ya que la iglesia fue sede de la Orden de los Caballeros Templarios y “sus numerosos capiteles cruces, ventanas y grabados son una exposición clara de una presencia que se concreta y clarifica”.

Hay aquí, insiste Herrera Casado, “un capítulo curioso, antiguo, periclitado, pero siempre interesante, de la historia de nuestros antepasados”, y señala los “mensajes misteriosos”: “la mística de la luz de los números y de la geometría” de la tradición esotérica de las tres religiones que poblaron el Medievo castellano. El autor da por válida en su análisis la interpretación que en 2012, en la ‘Guía templaria’ de Aache, ya exponía Ángel Almazán de Gracia.

Signos, meses y bestias en San Bartolomé en Campisábalos

Los pasos del libro llevan esta vez a otro de los mejores ejemplos del románico guadalajareño, la iglesia de San Bartolomé de Campisábalos, que mantiene casi intacta su estructura original del siglo XII –salvo algunos añadidos como la torre–. El estudio se fija en tres elementos. El primero de ellos es el rosetón de la Capilla de San Galindo, donde vuelve a seguir los estudios de Almazán de Gracia, por la presencia de nuevo de simbología esotérica islámica, judía y cristiana en “diversos conceptos cosmológicos y metafísicos”. Luego para en el calendario que presenta las tareas agrícolas de la época a lo largo de los doce meses del año, con una escena de caza y otra de caballeros. Su lectura debe hacerse al modo árabe, de derecha a izquierda, y aquí el autor se apoya en la interpretación de José Luis Mingote Calderón. Por último, se adentra en la capilla para fijarse en los capiteles con figuras de esfinges y arpías en pugna contra los centauros, otra forma de mostrar la habitual lucha entre fuerzas del bien y del mal.

Cléricos, arcángeles, grifos y leones en Sauca

El historiador destaca en estas páginas los capitales de la galería de la iglesia, levantada en la frontera entre los siglos XII y XIII. Predominan los motivos vegetales, pero también se advierten interesantes representaciones de un árcángel con un bastón crucífero, dos sacerdotes ataviados al modo de su tiempo, una Anunciación con el Arcángel San Gabriel y María, así como grifos y leones que exponen la “lucha de la valentía y la cobardía, de la virtud y el pecado, de la lealtad y la traición”. Se encuentra de nuevo una visión del mundo maniqueísta, que lleva al autor a especular –admite que no se puede asegurar nada con certeza– sobre la posible presencia de seguidores del gnosticismo en estas latitudes en el momento en que se dio forma a la piedra en Sauca.

La más bella escena románica, en Pinilla de Jadraque

También conforman un mensaje unitario los capiteles de la galería de la iglesia románica de Pinilla de Jadraque, cuyo original del paso de los siglos XII a XIII ha sufrido no sólo aportaciones posteriores sino la voracidad de un incendio. En los arcos de la zona oeste del atrio hay dos capiteles tallados por las cuatro caras que muestran varias escenas interesantes. En uno de ellos aparece mitología clásica y del bestiario medieval; en otro, una representación de la Historia Sagrada que en una de sus caras nos muestra un Cristo Crucificado que para Herrera Casado es “la mejor obra de escultura románica que tenemos en la provincia”, al margen de los relieves de Beleña. Lo describe como “un calvario sencillo a la vez que majestuoso”, con trazas primitivas, pero que “tiene garra y se mete muy dentro de quien lo contempla”.

Mensaje moralizante en la trompa de la Catedral

En la Catedral de Sigüenza encuentra el historiador arriacense “un detalle pequeño pero singularísimo” entre los muchos que hay en este templo. Se sitúa en la trompa oriental, formada por dos arcos con centellas y cuyas ménsulas de apoyo son cuatro cabezas: las de la izquierda, un hombre con barba de apariencia bonachona y un rostro de mujer cubierto por un velo; y las de la derecha, un leviatán que devora a un niño y un hombre de rasgos ‘negroides’, “exponentes del mal”. En el trompillón hay dos ancianos que parecen descansar apaciblemente. En el arco externo, una mujer, un saltimbanqui y otra mujer con un niño; y en el interno, dos músicos con vihuelas o instrumentos de cuerda que representan “el mundo civil irreligioso que sólo piensa en la fiesta y en la diversión, antítesis del ideal cristiano, espiritual y litúrgico”. Todo el cuadro conforma, con su enorme densidad simbólica en un único golpe de vista, “una equilibrada muestra de la iconografía moralizante del románico castellano”.

Una “pieza única” entre la riqueza de elementos de Cereceda

En pleno centro de Cereceda, su iglesia parroquial de la segunda mitad del siglo XII o principios del siguiente ofrece una gran densidad de mensajes: “No existe otra iglesia en la provincia, a excepción de la catedral seguntina, con tal riqueza de elementos”, asegura Herrera Casado. “Hay cabezas de animales, rostros humanos, figuras completas, roleos, frutos, vegetales diversos, y formas geométricas, en una riqueza asombrosa” y así, por más veces que se acerque uno hasta allí, “siempre sorprende algún elemento nuevo”.

De entre toda esta riqueza, el historiador aborda aquí el tímpano decorado con rastros del Juicio Final, en “un verdadero hito, por su excepcionalidad, dentro del románico de la provincia”, ya que es “una pieza única”.

La Biblia y los monstruos de Millana

Rehecha en el siglo XVI, la iglesia parroquial de Santo Domingo de Silos en Millana conservó dos portadas de la estructura original del siglo XIII, la portada norte hoy tapiada y hecha al uso de la época y la otra gran portada meridional, abocinada y sin excesiva decoración, “de estructura muy clásica” del románico de la época. Tiene esta última cinco arquivoltas que descansan sobre unos capiteles que tienen “una bella e interesante decoración”, con un estilo –pese a su mayor sencillez– similar a las tallas de El Salvador de Cifuentes; de hecho, comparten mecenas en la figura de Mayor Guillén de Guzmán.

El mensaje de estos relieves propone una “ingenua visión del mundo trascendental”, nos dice el cronista oficial de la provincia. Entre los elementos más interesantes que apunta, en los canecillos y metopas hay “curiosas figuras” como un buitre que engulle a su presa, mientras que en la línea de capiteles aparecen elementos reconocibles del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento acompañados de “figuras irreales del bestiario medieval”, como una pareja de grifos, otra de centauros, otra más de grifos y arpías, un ser con cabeza bovina, otros con alas, figuras humanas desnudas, una pareja de centauros, un anciano con un ángel u otro ángel con una mujer… –todas ellas en el grupo de la izquierda, en representación de los diversos rostros del Bien y del Mal–. Ya en la derecha (más difícil de observar, por “la rudeza de la talla” y su mal estado de conservación), hay escenas bíblicas de la Anunciación, la Natividad, más centauros, una diablesa…

Todos estos detalles ofrecen cierta uniformidad a la iconografía de las tallas románicas de la provincia, pues muchos de los rasgos y estampas que pueden verse en esta localidad del sur de la provincia entroncan con otras expresiones visibles mucho más al norte, como en las iglesias de Atienza, o en el centro de la provincia, en el Salvador de Cifuentes.

El dragón apocalíptico de Valdeavellano

El libro se centra aquí en una de las figuras más llamativas del románico guadalajareño, la bestia apocalíptica que la iglesia parroquial de Santa María Magdalena de Valdeavellano (siglo XII-XIII) en las pinturas ornamentales del coro alto de la iglesia. Las escenas pintadas muestran elementos vegetales, animales y antropomorfos, pero entre todas ellas llama la atención el dragón devorando a una persona y, junto a él, caballeros, músicos y un contorsionista… El mensaje que ofrece la secuencia vuelve a insistir en el destino de quienes optan por un camino incorrecto en la vida, pero lo verdaderamente singular de esta bestia de Valdeavellano radica en que la representación de dragones es “muy poco frecuente en el arte románico europeo”.

Figuras decorativas en las pilas bautismales

No sólo la piedra adherida a las paredes y sus elementos arquitectónicos es objeto del libro del historiador que dirige la editorial Aache. Aquí también se hace referencia a las pilas bautismales –también, por cierto, la de Valdeavellano, en el capítulo anterior–. Herrera Casado indica que hay dos en la provincia que destacan por su decoración, la de Esplegares y la de la iglesia de Canelos del Ducado, ahora expuesta en el Museo Diocesano de Sigüenza.

Describe el autor esta segunda con la decoración de dos figuras antropomorfas, un águila, un cuadrúpedo y una hoja de gran tamaño a lo largo de doce arcos dibujados –y no todos ocupados– formando “un conjunto hermoso y único” al que es difícil dar un relato uniforme preciso. De la pila de Esplegares dice que ofrece el mensaje de lucha entre el bien y el mal, pero a través de una simbología animal donde, por ejemplo, una cigüeña se enfrenta con dos serpientes.

Mensajes románicos en tres iglesias molinesas

Para acabar, el último capítulo de ‘Iconografía románica en Guadalajara’ lleva los pasos hasta las iglesias de Hinojosa, Labros y Tartanedo, todas ellas en la comarca de Molina.

De la ermita de Santa Catalina en Hinojosa destaca elementos que simbolizan una vez más el enfrentamiento entre el bien y el mal, pero añadiendo algunas tallas de especial singularidad como las sirenas, que representan “el engaño, la voz dulce y armoniosa que atrae y distrae al caminante”. También en la cornisa del ábside hay criaturas humanas y animales que vuelven a recitar, nos dice el autor, “su hermética parsimonia de advertencias y cuidados”. Cuerpos desnudos, trasgos y músicos narigudos encarnan la cara más indecente de la vida mundana.

En la portada de la iglesia de Labros, recientemente restaurada, hay una “iconografía sorprendente” de componentes hermanados con los rasgos admirados en el Monasterio de Silos. Herrera Casado se fija en los cuatro capiteles –el último de ellos robado, aunque al menos quedan fotografías–, que, pese a todo, no presentan un programa conjunto que los conecte.

Por último, el libro se cierra con un apunte de la iglesia de San Bartolomé de Tartanedo (del siglo XVI, aunque permanece algún elemento del original, del XII): su portada tiene cuatro capiteles, uno de ellos con “un monstruo de tosca figura” que vuelve a dejar claro, también para cualquier oveja molinesa tentada de descarriarse del camino marcado por los pastores, que el mal siempre se queda fuera de la casa de Dios.

Artículos Relacionados