El Apostolado de Almadrones, arte de vanguardia

Leticia Ruiz Gómez, experta del Museo del Prado, señaló las características de esta colección que la convierten en ejemplo de la última etapa del Greco, la más moderna. • Las copias encargadas a un taller cordobés para que estén permanentemente en Almadrones ya pueden verse en la sala multiusos del San José. • Donde a menudo se han visto elementos inacabados, tal vez El Greco “pensase que no hacía falta pintar más porque no había que contar nada más”.


Los ‘hombres’ feos fueron unos adelantados a su tiempo. El Greco no inventó las vanguardias, pero se anticipó a la pintura moderna con composiciones y trazos impropios de su época, sobre todo en su última etapa, de la que el Apostolado de Almadrones es, según los expertos, una buena prueba. Hay por tanto en algunos de estos retratos –de manera particular en Santiago, San Pablo o San Mateo– un ejemplo singular de esta mirada llena de espiritualidad, pero muy poco ajustada a los cánones.

Lo explicó este lunes Leticia Ruiz Gómez, jefa del departamento de pintura española hasta 1700, durante una conferencia con la que se inauguró la colección de réplicas del Apostolado de Almadrones que colgarán en la iglesia de la localidad, como ocurrió con las originales hasta el expolio cometido a raíz de la guerra. Se pueden ver ya, y durante dos meses, en la Sala Multiusos del complejo San José.

Para esta experta, El Greco de los últimos años, aquel que pintó el Apostolado de Almadrones –pero también muchos otros, entre ellos el del Museo de Toledo, que considera el mejor– es un artista de vanguardia. Por los parecidos con lo que estará por venir tres siglos después, pero también por el modo en que resolvió muchas posibilidades de sus retratos. ¿En qué se nota? En sus fondos con cielos apoteósicos o directamente sin pintar, en la distinguida elocuencia de las manos o en el brillo especial de unas túnicas.

Fondos inconcretos, manos elocuentes

Después de hacer un repaso por la obra anterior del pintor cretense, demostrando el modo en que “va a cambiar la técnica tradicional de pintor de iconos” y de repasar cuadros emblemáticos como ‘El expolio’, esta experta se adentró en la última obra a partir del Pentecostés que pinta en los últimos años del siglo XVI con el que iniciaría una suerte de ‘estilo oficial’ o inconfundible: pintura muy directa, fondos sin detallar, figuras constreñidas y en estructura piramidal, caras alargadas y “pinceladas de luz relampagueante”.

Los “fondos inconcretos” son llamativos en la última producción de El Greco y lo emparentan con la pintura moderna, según Ruiz Gómez. De ahí que fuesen los románticos y los artistas de finales del siglo XIX los que más se preocupasen por rescatar la figura del cretense, ciertamente en decadencia durante siglos. En el mismo sentido, los cielos nublados tan típicos de su obra “son fundamentales” para resaltar a la figura de los apóstoles, a menudo ‘monumentalizados’.

¿Están algunos de estos fondos sin acabar? La experta disiente: “Creo que pensaba, sin duda con razón, que no hacía falta pintar más para contar más”, en una idea arriesgada y propia de “la radicalización de su idea de la pintura”.

Las manos mercen también un capítulo aparte: esos “gestos retóricos” expresan carácter de las figuras, son “retratos psicológicos en una idea de retrato intelectual y espiritual”. Hay en algunas manos unos trazos casi inacabados, irreales si se atiene a los rigores de la anatomía, que sin embargo pueden ofrecer mensajes mucho más profundos, como el peso de los evangelios.

Un Santiago muy innovador

En todo este contexto, la jefa del departamento de pintura española hasta 1700 considera que el Apostolado de Almadrones, los nueve cuadros conservados, se ajustan a esta concepción del arte. Considera que “la más floja” de las pinturas es la de El Salvador, heredera de la iconografía bizantina, mientras que ve en Santiago una pieza de gran valor: “una gran cabeza de [el pintor] Bacon con varios siglos de adelanto” y, de nuevo, un fondo que “no hace falta terminar porque ya cuenta todo lo que hay que contar”. También la mano resulta muy elocuente, “con una cabriola muy difícil de dibujar”, como si buscase en ella una descripción psicológica, en un “gesto dialogante”.

Los gestos, pero también las miradas, invitan a establecer una conversación entre los elementos del Apostolado y a jugar, incluso, con el efecto de colocarlos de uno y otro modo, según explica la experta, que entre las muchas otras virtudes de esta pieza incluye además el “temblor” pintado en el rostro, al que confiere “espiritualidad”, con una visión de “la vida en movimiento” de la que más tarde “su heredero más directo será Velázquez”.

También San Mateo tiene un gran acabado, y Ruiz Gómez coincide con otros expertos en que tal vez sea el único que salió íntegro de la mano del pintor cretense –en el resto tendrían mayor o menor implicación los artistas de su taller–, mientras que de San Pablo destaca por encima de todo los ropajes, con “un manto que refulge”.

Los apóstoles, juntos de nuevo

Son elementos que permiten elevar la figura de El Greco como un pintor visionario y genial que tiene, en los cuadros que fueron a parar a Almadrones, uno de sus más interesantes ejemplares. Aunque actualmente dispersos los nueve cuadros existentes (se desconoce si llegó a pintar los doce apóstoles), hay ahora dos oportunidades de verlos reunidos con motivo del Año El Greco, que conmemora el cuarto centenario de la muerte del pintor afincado en Toledo. Una de ellas es con las copias del apostolado que Almadrones ha encargado para volver a poner en su iglesia, el lugar donde estuvieron hasta su salida durante la Guerra Civil y posterior catalogación como pinturas de el Greco; la otra, en la exposición ‘El Greco: arte y oficio’, en el Prado a finales de año, incluyendo los cinco cuadros que actualmente están en Estados Unidos.


Galería fotográfica con las nueve réplicas firmadas por Clemente Rivas:

 Fotos: R.M.