La fábrica de luz

Los tres hermanos Martín Rojas, de Azuqueca, y la fotógrafa azudense Beatriz Peral, exalumna de la Escuela de Arte de Guadalajara, firman la interesante exposición de esculturas de vidrio e imagen 'Expediciones Geométricas en la fábrica de luz' en la sala de exposiciones de la Escuela. • La muestra abre hasta el 27 de noviembre en horario matinal, salvo el miércoles, que podrá verse también en horario de tarde. • Las fotografías que acompañan las piezas son detalles, a veces microscópicos, que realizan la belleza y otorgan otro punto de vista de los objetos, dotándoles de una segunda vida.


Los abrazos pueden ser pura geometría en las manos de los tres hermanos Martín Rojas -Francisco, Diego y David- formados en el taller familiar de producción de vidrio que desde hace 30 años dirige en Azuqueca su padre, Francisco. Tras las piezas que exponen hasta el 27 de noviembre en la Escuela de Arte de Guadalajara, en la primera muestra que realizan en la provincia de Guadalajara, se esconden años de investigación y pasión, de colaboración con artistas de la talla del artista japonés Satoshi Okamoto. Las fotografías de la azudense Beatriz Peral, exalumna de la Escuela, acompañan a estas esculturas, expediciones geométricas que los tres han querido bautizar como expediciones geométricas en la fábrica de luz.

Un toro, un rinoceronte, un barco arrastrando y portando memorias y naúfragos, sensaciones que erosionan la superficie, optimismo bajo un aspecto de hastío, sociedades ficticias indeseables, bellos detalles microscópicos recogidos con el objetivo fotográfico, un diálogo entre las piezas y las fotografías, con una protagonista indiscutible, la luz. Luz en instantáneas, y luz también en los objetos creados, que se filtran a través de la ventana de la sala de exposiciones, provocando cambios de color en las propias esculturas y hasta reflejos que el espectador no ve a simple vista pero existen.

La vena creativa de los hermanos Martín-Rojas, dedicados al principio a la producción de vidrio industrial, comenzó "con la incorporación profesional de Diego". Es entonces "cuando surgen los primeros contactos con el vidrio como elemento creativo". Además, se forman en el Centro Nacional del Vidrio de Segovia y se enriquecen con intercambios que realizan con artistas, entre ellos, del maestro Satoshi Okamoto, del que fueron asistentes. "El resto de nuestras incorporaciones reforzó el interés por la dimensión estética del material", añaden.

La llegada al proyecto de Beatriz, fotógrafa y exalumna de la Escuela de Arte de Guadalajara, se produce por cercanía. Reside también en Azuqueca y además, es familiar. Empezó haciéndoles las fotos para realizar el catálogo de la exposición y finalmente, las imágenes se han transformado en una parte integrada de esta fábrica de luz. Es un diálogo. Son detalles, a veces microscópicos, que realzan la belleza y otorgan otro punto de vista de los objetos, dotándoles prácticamente de una segunda vida.

La llegada de esta muestra a la Escuela de Arte no ha sido casual. Ganadores de diferentes premios en certámenes de artesanía de Guadalajara -han sido finalistas en el Certamen de Artesanía Artística de Guadalajara y Premio Nuevos Artistas Ciudad de Guadalajara-, fue un miembro del jurado de estos premios quien contactó con ellos a través del concurso, explica Gema García Vizcaíno, profesora de Dibujo de la Escuela.

Es la primera vez que exponen en casa. Sí lo han hecho en el extranjero, donde "la exposición está funcionando bastante bien", añade Gema. En los dos últimos años, sus piezas se han podido ver en Estrasburgo (Francia), Karlsruhe (Alemania), Nancy (Francia), Barcelona, Oviedo, Toledo, Madrid o Mérida. En total, explican los hermanos, han sido "alrededor de 13 exposiciones, algunas colectivas y mas de una veintena de concursos".

Su presencia en la Escuela de Arte es, por ello, una oportunidad única para ver su obra. Además, por un añadido: "En España no hay mucha gente que haga arte en vidrio. Es difícil encontrar ejemplos. Lo que se hacía es más tradicional", señala Elena de la Cruz, directora de la Escuela de Arte, que destaca la dificultad de la elaboración de las piezas: "trabajan con materiales reflactarios para hacer los moldes. La consistencia es más espesa que la miel y ha de entrar poco a poco. Muchas piezas son fallidas una vez que las han fundido".

"El vidrio es como pintar en 3D o componer volúmenes repletos de luz", explican los hermanos. "Como disciplina plástica, se puede trabajar desde diferentes métodos y cada uno de ellos ofrece infinitas perspectivas. Es un material mágico y un gran desconocido. Cualquier artista que tenga un contacto serio con el vidrio quedará prendado con él de por vida. Tiene unas particularidades que no se pueden conseguir con otros materiales; a su contra, es un material muy complicado y costoso de trabajar", añaden.

Desde el horno al ultrabrillo

Ese largo camino de gestación, de media unos 20 días, llegando en algunos casos, a los dos meses dentro del horno empieza "con el bocetado de la idea para después trabajar el dibujo a tamaño real", explican los artistas. Una vez alcanzadas las formas y proporciones arranca el trabajo de modelado y concluido este, se trabaja el molde. Para ello se crea una mezcla de distintos materiales en unas determinadas proporciones que "garanticen, por un lado, la copia exacta del positivo y, por otro, la resistencia total a las altas temperaturas durante las semanas que dure el proceso de fundición". No vale cualquier molde. Es necesario que tenga unas medidas concretas que consigan retener y ceder la temperatura suficiente para que la pieza no sufra diferencias de más de cinco grados centígrados entre cada una de sus partes. De ser así, se romperían.

Tras la fundición y el recocido, se lubrica el vidrio con agua para evitar que se caliente y se rompa. Se liman los bordes, se lijan, se pulen, "hasta conseguir una superficie totalmente lista y perfecta", explican. El último pulido, el más técnico y delicado, conseguirá dotar a la pieza de calidad óptica, algo que consiguen con "muelas de fieltro y una primera solución de pómez y agua". El toque final es a base de óxido de cerio, para conseguir "el ultrabrillo". Por si fuera poco, todo este largo proceso necesita realizarse en un ambiente completamente limpio. La contaminación, por pequeña que sea, supondría iniciar todo el proceso.

Estas expediciones geométricas que exhiben en la Escuela de Arte de Guadalajara son sólo el aperitivo de lo que, seguramente, se podrá ver a partir de ahora. A corto plazo, ya tienen más piezas -entre siete u ocho- en proceso. Aseguran que han decidido centrarse más "en el proceso creativo y dejar de lado la búsqueda de la rentabilidad comercial de las piezas de momento". A largo plazo, sueñan con tener un taller-estudio y un centro didáctico para entender la técnica".

Galería fotográfica

Fotos: E.C.