Óleos de luz y lámparas pictóricas en San Roque

El laynense David de Mingo expone hasta este 29 de agosto en la ermita de San Roque de Sigüenza. • Este ingeniero de telecomunicaciones se quedó en el paro hace cuatro años. Ahora, ya prejubilado, se dedica a desarrollar su gran afición: la pintura, que ha unido con su antiguo trabajo en I+D+i dándole forma de lámparas pictóricas.


David de Mingo, natural de Layna, un pueblo soriano que dista 34 kilómetros de Sigüenza, ha vuelto a exponer en la ciudad del Doncel, a petición propia, después del éxito que cosechó su primera muestra pictórica el año pasado en la Ermita de San Roque. En esta ocasión lo ha hecho con ‘Luz y color’, una colección de más de 100 lienzos y de 40 originales lámparas pictóricas. De estas últimas precisamente, y de varios lienzos con velas y lámparas, siempre encendidas, procede la luz. De su querencia por el color dan buena cuenta sus cuadros. 

El castellanoleonés muestra de nuevo su pintura realista al óleo, principalmente compuesta por paisajes, bodegones, flores e interiores, en una localidad que es muy querida para él. No en vano, este ingeniero de  telecomunicaciones, ahora en paro, estudió el bachiller en la SAFA. “De ahí mi cariño por esta ciudad tan bonita”.  No falta en la muestra un rincón para su Layna natal, que tiene reflejada en diez cuadros. 

La gran novedad de su arte son precisamente las lámparas pictóricas,  “un invento (I+D+i)”, como él dice con gracia, que se le ocurrió ya hace unos años como forma de expresión que “por fin he llevado a la práctica”, prosigue.  “La inventiva, o necesidad de crear algo nuevo, procede de mi antigua vida laboral, que me pasé en el  departamento de I+D+i de una multinacional”, que decidió llevarse su filial española a otro país cuando el pintor tenía 52 años.

Precisamente en estos avatares del trabajo, David ha encontrado el tiempo libre que necesita para pintar. Gracias a la negociación de su despido, era el más antiguo de la empresa, mantiene una buena posición económica. “Hice lo posible por volver a trabajar, pero en tres años sólo entré en un proceso de selección”, lamenta. 

Esa jugada del destino le hizo prejubilarse y dedicarse a la que siempre fue su pasión: la pintura. “A mis 57 años, he encontrado sin quererlo el tiempo suficiente para pintar”, confiesa el artista. David está encantado con la respuesta de la ciudad a su trabajo.  

La exposición, que fue inaugurada el día 17 de agosto, ha recibido ya más de medio millar de personas. Todavía hay tiempo hasta mañana jueves, de 12 a 14 y de 18:30 a 20:30 horas.

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