Los apóstoles de Peralejos abandonan la oscuridad

El proceso de restauración en Toledo determina la autoría de los lienzos, hasta ahora sin autor. • Los retratos salieron del pincel de Miguel March, discípulo de Ribera.  Los doce cuatros se exponen actualmente en el Museo Provincial, junto a otro apostolado de Lupiana y con un valioso óleo de Ribera.


Tres largos años de restauración en el Centro de Restauración y Conservación regional han devuelto el color y la luz al deteriorado apostolado de la iglesia de Peralejos de las Truchas. El proceso ha permitido, además, que salgan de su anonimato y se haya podido identificar a su autor: el pintor Miguel March, discípulo de José de Ribera, y perteneciente a una saga de artistas valencianos del siglo XVII.

Hasta el 25 de agosto, el apostolado se exhibe en el Museo Provincial, en la exposición temporal ‘Miguel March, Ribera en otros pinceles’. El Museo ha cedido para esta muestra, seis cuadros que formaban parte de un apostolado procedente del monasterio de San Bartolomé de Lupiana, “de escuela napolitana y de indudable tono riberesco”, explica Fernando Aguado, director del Museo. La exposición se clausura, además, con el magnífico óleo ‘San Francisco de Asís recibiendo los privilegios de la orden’, de José de Ribera, una de las obras más importantes del Museo Provincial de Guadalajara.

La exposición permite exhibir públicamente por primera vez el apostolado procedente del templo de Peralejos tras su paso por un proceso “largo y laborioso”, explica el director del Centro de Restauración regional, José Pedro Muñoz, que a su vez, pone de relieve la importancia de estas obras, atribuidas al pintor Miguel March, siguiendo de cerca modelos pictóricos de José de Ribera.

Miguel Angel Ortega, delegado diocesano de patrimonio cultural no descarta que se expongan en el Museo Diocesano de Sigüenza pero la propiedad, señala, siempre será de la parroquia de Peralejos y allí deben volver.

El apostolado “tiene valor por su conjunto”, señala Ortega. “Además es de un pintor de segunda línea pero muy vinculado a un pintor de primera línea como Ribera”. El director del Centro de Restauración toledano resalta, además, que el apostolado “demuestra una gran profesionalidad en el trabajo de copia. No estamos hablando de una inspiración sino de un taller profesionalmente dedicado a la producción de cuadros de José de Ribera, como una franquicia, ubicada en Valencia y de un pintor que tiene cuadros por todo el mundo, que en vida adquirió fama en todo Occidente. De hecho, durante el siglo XVIII, en el mercado de arte valenciano, en el coleccionismo académico no sólo figuran cuadros de Miguel March sino muchos cuadros de Ribera”.

El taller de Ribera

El apostolado, que data del siglo XVII, proporciona, además, “una información muy importante sobre cómo podría funcionar un taller como el de Ribera en Nápoles y cómo podía ser aprendida la lección del maestro por uno de sus discípulos”, añade Muñoz.

Aparte, este apostolado está mostrando “la existencia de otros cuadros de Ribera que no conocemos pero que evidentemente debieron de existir, cuadros de su etapa más desconocida como el San Juan Evangelista, cuadros recientemente reconocidos como obras de Ribera por Gianni Pappi, investigador de la vida romana del pintor de Játiva”, explica. Por extensión, esta revelación, estos cuadros “están dando a entender que buena parte de los Riberas que conocemos por copias y no por originales podían haber sido producidos por, digamos, una industria artística especializada”, explica.

La restauración

El apostolado “entra en el Centro de Restauración en un estado de conservación penoso” durante la primavera-verano del año 2010: “los cuadros venían con unas deformaciones tremendas, con unas patologías causadas por una humedad constante a la que habían estado sometidos en el edificio que los albergaba y que habían provocado que la superficie pictórica se encontrara muy deteriorada, con grandes pérdidas”, explica José Pedro Muñoz.

Incluso, se vieron trazas de una anterior intervención –se desconoce en qué momento, aunque los expertos lo datan a finales del siglo XIX o principios del XX–: “las pinturas ya se encontraban muy afectadas por la humedad y alguien, creyendo que contendría el deterioro, les aplicó una mano de cola que al seguir estando en condiciones de humedad constante, se contrajo y arrastró gran parte de la película pictórica, con lo que las pérdidas que tenía eran horrorosas”, explica el director del Centro de Conservación toledano.

Los marcos tenían los mismos problemas. El proceso de soporte fue largo, se extendió con las primeras labores de limpieza, hasta principios de 2012 y en  noviembre, empezó la parte final con la restauración de los estratos pictóricos realizado por un equipo de seis restauradores que el 17 de abril concluyeron su trabajo.

El pintor

Miguel March era un copiador profesional. Se sabe que este pintor valenciano, nada desconocido, pertenecía a una saga de artistas del siglo XVII en Valencia, era miembro de primer rango en importancia de la escuela valenciana barroca y que “había viajado a Italia, Roma y en Nápoles, trabajó en el taller de José de Ribera, dada la visión panorámica que de la obra de Ribera presenta en este apostolado”. March copia en él “con una fidelidad y exactitud pasmosa desde modelos realizados por Ribera cuando todavía no estaba en Nápoles sino en Roma entre 1610 y 1615 a modelos realizados en Nápoles por el pintor de Játiva hacia 1645-48”, cuenta Muñoz, que estima que “posiblemente, hacia 1650 March trabajó en ese taller, hizo muchas copias y desarrolló una gran destreza como intérprete de las obras de su maestro”. Posteriormente, regresó a Valencia y siguió pintando estos modelos “que se sabía al dedillo”.

La exposición se clausura con una importante obra de José de Ribera, ‘San Francisco de Asís recibiendo los privilegios de la Orden’, cuadro propiedad del Museo Provincial de Guadalajara. Pero además, incluye otro apostolado, aportado por el propio museo, procedente de la desamortización del Monasterio de San Bartolomé de Lupiana, datado en la primera mitad del siglo XVII.

Fernando Aguado, director del Museo, admite que “si bien no sigue tan claramente el modelo de los apostolados de Ribera como el conservado en Peralejos de las Truchas, sí podemos apreciar las características pictóricas del maestro de Játiva: intenso claro-oscurismo, utilización de modelos vulgares para los personajes, tomados de tipos de las calles, pero presentados en poses meditativas y ascéticas, que confieren dignidad a las figuras”.

Estaba formado por once apóstoles más el Salvador, habiéndose perdido dos de ellos y manteniéndose cuatro aún sin restaurar. Precisamente es en éstos últimos, y también en el San Juan (nº inv. 132) restaurado por el IPHE en 2009, donde puede apreciarse una mayor calidad pese a su mal estado de conservación, rememorando modelos riberescos como el del  “apostolado Cosida” y el conservado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

El apostolado de Lupiana adquirió una singular relevancia en 1972, al ser “redescubierto” junto con el resto de las colecciones del antiguo Museo Provincial en las dependencias del Palacio de la Diputación, donde se almacenaban desde el año 1900. Su atribución a José de Ribera impulsó en gran manera la restauración de estos fondos, que fueron trasladados al Instituto de Conservación y Restauración de Obras de Arte (I.C.R.O.A.) y constituyeron la base de la nueva colección permanente del Museo de Guadalajara, que se instalaría en 1973 en el Palacio del Infantado.

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